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¡Calma en la tempestad!


Cuando aumenta la tensión en un equipo, baja la tolerancia, pero también pueden reducirse la capacidad de análisis y la prudencia al hablar de razones o personas. Entonces surgen juicios de valor, reacciones temperamentales, acusaciones infundadas, chismes, injustas asignaciones de cuotas de responsabilidad y decisiones cargadas de emociones salidas de control. ¿Cómo responder a la influencia de esas situaciones?
Un primer paso es mantener calma y silencio para no convertirse en un esclavo más de ese tipo de emociones destructivas. Así se contribuye, además, a que los otros miembros del equipo no incrementen la explosión descontrolada de sus angustias. No se trata de ser indiferentes, sino de estar serenos para no contribuir a la desestabilización del equipo. Quienes en momentos difíciles les hacen la guerra sucia a otros, normalmente es porque están en guerra consigo mismos, con su propia persona.
En ese silencio, es factible dar un segundo paso: mirar con franqueza el espejo de la conciencia. Si hay paz, los demás podrán quitarnos un poco de paciencia y tiempo, pero no nuestra dignidad. Pueden afectar lo que hacemos, pero jamás lo que somos. Cuando los miembros de una organización reconocen la parte de la culpa que les corresponde por un problema, también fortalecen la ecuanimidad que se requiere para enmendar y mejorar. Las personas positivas confían en su capacidad y afrontan las dificultades con vitalidad y sabiduría; en cambio, las negativas recurren a blasfemar, inculpar y denigrar a otros, poniendo en evidencia su dificultad para gestionar sus emociones y relaciones en diversos campos.
En tercer lugar, los valores del equipo pueden convertirse en fuente de solución de las situaciones difíciles. Normalmente, en la vida los errores más dolorosos se cometen cuando las conductas se alejan de sanos principios. Aunque la mayoría de los miembros de la organización cumpla con los valores pactados, si algunos de ellos, con poder e influencia, no lo hacen, afectarán y distraerán el flujo de la energía positiva que debe prevalecer en el equipo, convirtiéndose así en un nudo que obstaculiza la fluidez de acciones edificantes. Es vital volver a las bases, a trabajar fuerte y en forma estricta conforme a las reglas de oro definidas como fundamento de una identidad exitosa.
Finalmente, en todo momento debe prevalecer el respeto por uno mismo y por los demás, pues es la llave para hacer que los otros nos respeten. Exigir respeto por la posición de autoridad que se tiene, dice Dadi Janki, no es más que arrogancia.
Si la conciencia está tranquila y en medio de una crisis se es blanco de ofensas y falsedades, hay que tener presente que existe una Justicia Divina que siempre nos reconforta.

German Retana
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