Marcello Pignataro

Enviar
Lunes 18 Mayo, 2009


Caja de Pandora


Entre patronos activos e inactivos, la Caja Costarricense de Seguro Social tiene una morosidad — a marzo de este año— equivalente a ¢83 mil millones. De ese monto ¢25 mil millones (el 30%) corresponden a los patronos activos, que suman unos 22.172 y los restantes ¢58 mil millones los adeudan patronos inactivos, estimados en unos 48 mil.
De estos ¢83 mil millones, los clubes de fútbol de Costa Rica adeudan unos ¢1.000 millones, entre todos aquellos que se encuentran morosos según los estados de la CCSS. Es decir que el fútbol le adeuda a la Caja poco más del 1% de sus cuentas por cobrar. Si consideramos que los clubes de fútbol deudores son 12 —tomando solo los de Primera División— tenemos que conforman apenas el 0,001% del total.
¿No suena algo curioso que la CCSS enfoque sus baterías contra un porcentaje tan ínfimo de deudores y de deudas? La curiosidad se incrementa cuando uno lee y escucha que la Caja planea realizar cierres de estadios siempre en fechas próximas a partidos de alta trascendencia.
El amenazado más reciente es el Deportivo Saprissa, seguramente porque, como es el que más prensa positiva obtiene, hay que buscarle el lado negro al asunto.
Según palabras de su actual gerente deportivo, Víctor Badilla, la institución se encuentra al día con sus obligaciones y desembolsa una nada despreciable suma cada mes para hacerles frente. La Caja quiere, arbitrariamente pareciera, decretar el cierre del Estadio por unas cuotas que el Saprissa le adeuda, supuestamente, desde hace unos siete u ocho años. El caso está, actualmente, en los Tribunales quienes deberían ser, al final del camino, los que decidan si la deuda existe y si el cobro y el cierre proceden como tales.
Como les comenté en una columna reciente, el año pasado un autobús me chocó en la calle de San Pedro. A pesar de que yo sabía que tenía toda la razón y el chofer del bus toda la culpa, en ningún momento tan siquiera se me ocurrió pasar por encima de las leyes de este país e ir a la Compañía de Autobuses a reclamar los pagos o a embargar los vehículos o —mucho menos — cerrarles el establecimiento. En mi caso debí, como todo ciudadano respetuoso de la legislación, esperar el fallo del Tribunal para proceder acorde.
La CCSS pareciera estar por encima de la ley, al alegar que puede decretar el cierre del Estadio Saprissa, estando aún pendiente la resolución de los Tribunales.
Lo lógico y prudente sería esperar el fallo judicial y, ahí sí, proceder como lo indique la ley y cerrar el estadio hasta que la deuda se cancele o se llegue a un arreglo de pago. Pero no se puede ser juez y parte y condenar de previo —deporte nacional, al igual que el fútbol— hasta tanto no se haya realizado un debido proceso.
Resulta por demás curioso ver la eficiencia, agilidad y cobertura de medios que genera el cierre de un Estadio. No he logrado ver lo mismo cuando —si lo hace la CCSS— cierran cualquier otro establecimiento de patronos morosos.