Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

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Martes 1 Agosto, 2017

Cada vez más lejos del sueño de Gandhi

Gandhi soñó con un subcontinente indio unido, seglar y autosuficiente (“self-reliant”). Durante el movimiento de independencia del subcontinente indio, Gandhi fue un fuerte líder cuya fuerza moral y espiritual iban en proporción inversa a su estatura física. Ahora bien, Gandhi detuvo el movimiento pro-independencia, caracterizado por la no violencia y la desobediencia civil, para que los indios acudieran a luchar militarmente al lado de los británicos en la guerra contra el totalitarismo nazi, el mal mayor. Luego continuó su lucha, arropado con sus clásicas sábanas por él hiladas (autosuficiencia) y sus anteojos de la seguridad social inglesa (luego inmortalizados por Lennon). Sus simples concepciones económicas frente al colonialismo imperialista eran una especie de socialismo utópico caracterizada por la autosuficiencia, probablemente influido por su periodo en Sudáfrica. En la vecina Tanzania, donde se intentó implementar, ese socialismo se denominó más adelante Ujamaa: comunidades tribales autogestionarias (la base del planteamiento de Nyerere).

Partición y separación. Previo a la Independencia, la violencia corrió por el subcontinente, donde la mayoría musulmana temía la opresión de la mayoría hindú. Las armas de Gandhi eran sus ayunos prolongados, a pesar de que, por sus dolencias cardiacas, ponían en peligro su vida. Tan efectivo era, que un fanático hindú optó por acabar con su vida en 1948. Lord Mountbaten había decidido la partición del subcontinente en 1947 entre una India, predominantemente hindú y Pakistán Oriental y Occidental dominado por los musulmanes (lo cual entristeció profundamente a Gandhi). Luego, con apoyo indio, los pakistaníes occidentales se independizaron para formar Bangladesh. La partición tampoco logró la paz entre ambos países, cuyas hostilidades son permanentes, aunque con altibajos, particularmente sobre el control del bello valle de Cachemira y Jammu (de mayoría musulmana y líderes hindúes).

Desde la Independencia, los militares pakistaníes han jugado un papel preponderante en la política de su país, para quienes el conflicto con India es funcional. India, por su parte, tuvo un gobierno de corte seglar dominado por muchos años por el Partido del Congreso de Gandhi y Nehru, creyente en la planificación al mejor estilo soviético y en el aislamiento económico. Sin embargo, el conflicto con la minoría musulmana y sus ataques terroristas, y con Pakistán, dieron pie a que, en tiempos más recientes, el Partido Bharatiya Janata (BJP por sus siglas en inglés), nacionalista hindú, arrasara políticamente. Aunque cabe destacar que el último primer ministro del Partido del Congreso, el economista Manmohan Singh, inició la apertura económica y el desmantelamiento del corrupto intervencionismo omnipresente. Modi del BJP prometió continuarlo, al ser más de derecha que sus contrincantes, aunque parece haber desarrollado también un gusto por los réditos políticos de medidas de corte populista. No obstante, a partir de la apertura de Singh y durante Modi, el crecimiento de la India ha sido uno de los más vigorosos del planeta y la reducción de la pobreza, de las más efectivas. Resultados muy superiores a los logrados por Pakistán.

Aliados extrarregionales. Mientras India se mantenía cerca de la Unión Soviética, Pakistán era el gran aliado regional de Estados Unidos y así se distanciaron más durante la Guerra Fría. Hoy apareció un nuevo jugador en la región, China, con grandes inversiones en campos tan diversos como el turismo y la energía nuclear de Pakistán. Pero China es, a su vez, el rival histórico de la India con quien tuvo una guerra en 1962. India, por su parte, es anfitrión del Dalái Lama desde 1959, lo cual parece haber sido uno de los antecedentes de dicha guerra.

Reconciliación. ¿Será posible una reconciliación entre India y Pakistán?, se pregunta The Economist y se contesta que no es imposible, pero que sería un proceso largo y arduo. Este debe partir de una mejor solución a los desafíos internos que ambos países tienen, tales como la intolerancia religiosa y la violencia sectaria, la pobreza e informalidad rurales, la concentración de la riqueza, la debilidad de la educación y de los sistemas judiciales, entre otros. Estos caldos de cultivo internos juegan con los conflictos externos y los potencian de diversas maneras. La paz externa requiere de la paz interna de ambos.

En sus 70 años de independencia, los divorcios políticos han fortalecido un subcontinente desunido en lo económico, con cifras de comercio en la región muy por debajo de su potencial. Quizás este sea un factor de unión futura. De tal manera que se tienda al ideal de Gandhi de un subcontinente unido, pero gracias al comercio y no al aislamiento y la autosuficiencia. Sobre los fanatismos religiosos, no tenemos buenas respuestas, pareciera que necesitamos más ayunos con la fuerza espiritual de Gandhi para detenerlos.