Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 6 Agosto, 2015

Si revestimos estas realidades de percepción, nos va a agarrar muy tarde para implementar medidas correctivas urgentes

Blindaje

La semana anterior, en Amelia Rueda, Celso Gamboa compartía que el deterioro en la seguridad ciudadana, era más una cosa de percepción, que de verdadero deterioro.
Me quedé pensando en su intervención porque personalmente me he sentido muy expuesta el último par de meses… ¿No será más bien que sí están pasando cosas que dañan la seguridad del país, pero que por temor, estamos callando y dejando de reportar?
No creo que sea cuestión de percepción; están pasando cosas que no han sido históricamente normales en nuestro país y si no las reportamos a las autoridades, más pronto que tarde, se pueden convertir en nuestro día a día.
Les comparto mis “hechos”, no “percepciones”, de los últimos dos meses:
1. A dos colaboradoras de Clínica Bíblica, les intentaron robar sus niños en zonas diferentes de San José.
2. Un «sentimiento de alerta» hizo salir a mi mamá de la casa en Guanacaste, a verificar por qué un carro de ventas ambulantes que ya había pasado al frente de la casa, pasó «vendiendo» nuevamente al frente de la casa... se encontró con que estaban llamando la atención de mi sobrino de ocho años, para que se acercara a su carro... ¿Por qué no preguntaron lo que «necesitaban» preguntar, en el súper de la esquina, sino que llamaban a un niño de ocho años? Juzguen ustedes.
3. Saliendo de San José, un conductor se paró en media calle sin reparo de quienes estábamos atrás, como es normal en un día de prisas laborales, todos le pitamos para que se apartara, pero en lugar de apartarse, este hombre amenazó deliberadamente con bajarse del carro... fue La primera vez en mi vida que he pensado en ponerle vidrios blindados a mi carro.
4. En San Pedro, un sujeto se me metió sin hacer el ceda que le correspondía; le pité para que no fuera a chocarme y en efecto no me chocó, pero con total claridad, me amenazó con agarrarme a puñetazos... no sé si este hombre se dio cuenta, pero yo iba con mi mamá y un bebé de 18 meses en el carro y sin embargo no tuvo reparo alguno en recetarme golpes.
5. La semana pasada, por Plaza Víquez, un hombre quería «a la mala» meterse delante de mi carro, como a la fuerza no me gusta que se me metan, cometí la imprudencia de no permitirle que lo hiciera y digo imprudencia porque ya uno no sabe el tipo de gente que anda al volante, prueba de ello es que me confrontó en el semáforo siguiente y yo tuve que «jugármela» para escapar de su furia... esa fue la segunda vez que he pensado en vidrios blindados.
6. El lunes de esta semana, por la tarde, por La Sabana, pude identificar todas las intenciones de un motociclista de asaltarme... Afortunadamente otro motociclista se dio cuenta del movimiento y lo amenazó con enfrentarlo, lo que hizo que se fuera y por suerte no pasó a más.
7. Pasadas las 10 de la noche del mismo lunes de esta semana, un familiar fue emboscado en circunvalación por unos 15 motociclistas; él tuvo la lucidez para hacer el reporte al 911 y le enviaron una patrulla de apoyo que estaba muy cerca del lugar; gracias a esa patrulla, los motociclistas huyeron y él pudo salir vivo... ¿Habría corrido la misma suerte sin llamar al 911?... Ya cuando uno habla de 15 motociclistas juntos, acorralando a un carro en circunvalación a las 10 p.m.: estamos hablando de una pandilla... esa fue la tercera vez que pensé en vidrios blindados; pero ahora pensé en no salir después de las 8 p.m. y por primera vez, estoy pensando en sacar permiso para portar arma.
Si revestimos estas realidades de percepción, nos va a agarrar muy tarde para implementar medidas correctivas urgentes y evitar las realidades de países como Honduras, Guatemala, El Salvador, Colombia… los carros blindados, se van a convertir en cosa normal.

Alejandra Esquivel