Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 14 Septiembre, 2017

Bitcoin: ¿a la vanguardia o rezagados?


En 2008 una tecnología revolucionaria fue creada. En nueve páginas, una persona o un grupo —aún desconocido— con el pseudónimo de Satoshi Nakamoto, describió el funcionamiento de la tecnología que se llamaría Bitcoin, un sistema electrónico de dinero en efectivo P2P (peer-to-peer), es decir, sin intermediarios.

Nadie la conocía en ese momento, pero estaba disponible para que el ser humano pudiera, por primera vez, transferir valor sin un intermediario, sin censura y sin fronteras, con un costo cercano a cero. Ocho años después, el Bitcoin tiene un valor de mercado mayor que el PIB de Costa Rica y abrió un nuevo y vasto campo en la economía que apenas comienza a explorarse. Este año, diversos países empezaron a abrir camino para su uso, al brindar mayor seguridad jurídica a los usuarios, como Japón, que lo reconoció legalmente como un medio de pago.

En Venezuela, por ejemplo, el bitcóin está salvando vidas. Muchos venezolanos minan bitcoines —una actividad que requiere un esfuerzo computacional para validar transacciones y crear bitcoines— y lo usan para comprar alimentos y medicinas en el exterior. Tal acción no sería posible con el sistema tradicional que censura el uso de dólares y compras en el exterior, mientras el bolívar tiene casi nulo poder de compra.

Muchos se equivocan al declarar que los bitcoines se utilizan únicamente para el lavado de dinero. Un estudio del Gobierno de Reino Unido  concluyó que el bitcóin representaba un bajo riesgo en el uso para el lavado de dinero y terrorismo. El bitcóin no es anónimo porque todas las transacciones quedan registradas en lo que se llama “blockchain”, y por lo tanto, se pueden rastrear todos sus movimientos. El “blockchain” es como un libro contable público que registra todas las transacciones y no puede ser modificado. Hay formas de identificar al dueño de una billetera Bitcoin y ya el FBI ha arrestado a algunos que utilizaron la moneda para fines criminales.

Los gobiernos podrían utilizar el bitcóin u otra criptomoneda para transparentar la administración de fondos. De esta manera, sería posible conocer los gastos y movimientos de fondos, eliminando posibilidades de que la corrupción y malversación de fondos quedara impune.

Luego del bitcóin, diferentes monedas digitales, llamadas criptomonedas, fueron creadas, generando un mercado de más de 800. Entre ellas, una creada por un grupo de emprendedores establecidos en nuestro país, específicamente en Santa Teresa. Las aplicaciones que se dan a estas van mucho más allá de una simple moneda, siendo posible, por ejemplo, el registro de cualquier documento digital que jamás podrá ser alterado.

Así como hubiera sido un error prohibir llamadas por Skype, utilizar servicios de carpooling y el uso de plataformas tecnológicas como Uber, restringir el uso del bitcóin y las criptomonedas nos dejaría rezagados, mientras el mundo avanza y disfruta de esta nueva tecnología. El tiempo dirá si esta nueva tecnología tendrá éxito o no.