Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 12 Noviembre, 2015

Bajar impuestos, reducir tamaño…

… y recortar el gasto público. No hay otra vía. La solución fiscal del Estado costarricense no debe pasar por un forzado empate (recortar un poco de gasto y aumentar un poco los impuestos). Ello no es justo, no es apropiado y no funciona bien.
Desde hace mucho tiempo el Estado costarricense anda desbocado. Mucho gasto, mucho privilegio, pésima administración y nada de fidelidad.


Así no se sirve al ciudadano, así no se promueve el bien común y lo que se hace es cercenar libertades, disminuir la productividad y aumentar la pobreza.
Hay quienes sacan provecho de la situación: en las universidades públicas no alcanza el dinero para inversión porque se va en salarios, en Recope están en crisis porque la Aresep se les ha plantado con el tema del financiamiento de las abusivas gollerías y ello muestra claramente por dónde va la procesión del gasto público.
El Estado debe racionalizarse a rajatabla. No debe haber conmiseración con el abuso, la inconstitucionalidad y el futuro de nuestro hijos.
Las gollerías y privilegios no pueden ser cohonestadas, pactar con ello es convertirse en cómplice.
Es claro que ha habido causantes directos (empleomanía, irresponsabilidad en la negociación) y que hay interesados en mantener el statu quo. Pero la responsabilidad, hoy y aquí, corresponde a las autoridades que están. Pueden reclamar cuánto quieran a los irresponsables del pasado, por supuesto, pero no pueden evadir su quehacer señalando a otros.
El Estado debe ponerse en cintura. No hacerlo es prohijar la mala salud pública que amenaza a todos, incluyendo a quienes abusan de las circunstancias. Las autoridades actuales no pueden escaparse del asunto señalando yerros ajenos y pasados. Su trabajo es actuar y hacer bien las cosas.
Agendas ocultas con los abusadores y aprovechados de feudos, monopolios, abusos, gollerías y privilegios los convierte en infractores del bien común, en cómplices del daño y en cobardes sin perdón.
Haber presupuestado irresponsablemente los pone en la historia como culpables, como irresponsables y como abusivos (pues muchos viven directamente de los feudos que han inflado con alevosía). Usar el gobierno para beneficiarse los deja peor que cualquiera.
El único camino es rebajar, reducir, recortar y hacerlo bien, a tiempo y con mucho tino e inteligencia.
En cambio, posponerlo es participar del daño, del abuso y convertirse en enemigos del bien común.
No se puede quedar bien con todos, es hora de que las autoridades nacionales escojan si están por el bien común o con los abusadores.
O arreglan las cosas o se retratan como cohonestadores de los abusos, como cómplices de las gollerías, como obsecuentes con privilegiados y los feudos que se comen la dignidad nacional.
Deben empezar cuanto antes, con valor, consistencia y coherencia. No debe haber palabras ambiguas, acciones confusas ni discursos complacientes. Deben darse acciones directas, claras e inequívocas. ¿Podrán?