“Aún está pendiente dotar con buen ancho de banda a los centros educativos”
“Las nuevas generaciones trabajan con las tecnologías y les sacan el jugo al teléfono y a las computadoras, pero es un uso de consumidores. Para proponer y controlar el proceso deben desarrollar competencias y capacidades que no tienen”, explicó Leda Muñoz, directora ejecutiva Fundación Omar Dengo. Esteban Monge/La República
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Desde hace 30 años la Fundación Omar Dengo (FOD) promueve el desarrollo de las capacidades de las personas, por medio de propuestas educativas que se apoyan en el aprovechamiento del uso de las nuevas tecnologías.

Junto con el Ministerio de Educación Pública (MEP) ha logrado llevar computadoras a miles de estudiantes, incluidos los de zonas indígenas.

Pero no solo a menores de edad, sino que también beneficia a adultos mayores y emprendedoras para que empleen esta herramientas para su beneficio y no se queden rezagados.

En el marco del aniversario de su creación, Leda Muñoz, directora ejecutiva de esta fundación, conversó con LA REPÚBLICA no solo sobre estas poblaciones alcanzadas, sino de los retos que persisten para poder aprovechar al máximo las tecnologías.

¿Cuáles son los retos para sacar provecho a las tecnologías?
Mejorar la formación de los docentes en estos temas. No están saliendo de las universidades con los conocimientos que se necesitan. Hacemos grandes esfuerzos por capacitarlos, pero el tiempo y las horas son limitadas. Lo ideal sería que ya vengan con esas competencias, habilidades y conocimientos para implementarlos. El otro gran reto es la conectividad.

¿Por qué la conectividad?
Necesitamos centros educativos con buen ancho de banda. Muchos tienen, pero es insuficiente. Estamos hablando de centros de hasta 500 alumnos. Es un tema que no hemos avanzado pese a que tenemos las condiciones como fibra óptica y recursos financieros con el Fondo de Telecomunicaciones que se podrían destinar para lograr esta conectividad, la cual generaría una dinámica que permeará a toda la comunidad.

¿A cuántos estudiantes ha alcanzado el Programa Nacional de Informática Educativa que desarrolla en alianza con el MEP?
En este momento son unos 620 mil estudiantes con acceso a la computadora y con una propuesta educativa que le permite trabajar con ella, desarrollando capacidades cognitivas fundamentales para este mundo. Es un proyecto que ha sido sostenible y escalable, llegando a unas 2.700 escuelas y colegios en el programa.

¿Cómo beneficia el programa a estos alumnos?
Es una propuesta educativa pertinente, con evaluaciones rigurosas en las que hemos sometido entre 10 mil y 15 mil estudiantes para medir y demostrar que esas prácticas en el laboratorio de informática educativa, como programación y robótica, mejoran sus capacidades en resolución de problemas.

¿A quiénes más llega la enseñanza tecnológica?
Trabajamos con adultos mayores para que no vayan quedando excluidos, con pequeñas y microempresarias que aprenden a sacarles provecho a las tecnologías. También con población que está fuera del sistema educativo; acabamos de graduar 26 técnicos jóvenes con discapacidad cognitiva que ahora están preparados en soporte de computadoras. Estamos tratando de llegar a zonas rurales de Osa y Limón, por ejemplo.

¿A cuántos territorios indígenas se ha alcanzado?
Tenemos unos 111 centros educativos equipados, son zonas que antes no tenían ni electricidad, pero que hemos llegado con paneles solares. El proyecto en esas comunidades no es solo una herramienta poderosa para el programa educativo en sí, sino que sirve para conectar a esos chicos con otras comunidades.

En el caso de los adultos mayores, ¿cómo ubican a esta población?
Tratamos de difundir y saber llevar nuestra oferta con Ageco. Eran cursos de cómo usar la computadora, cómo prenderla, mover el mouse. Hay adultos que lo necesitan. Pero ahora existe una población que quiere aprender a chatear con sus nietos que están en otra parte o fuera del país, cómo interactuar y funcionar en esta sociedad digital. Estamos trabajando una oferta para lograr que la computación sea una herramienta que ayude a ejercitar la memoria, que es importante para la gente que envejece.

¿Cómo ayudan a mujeres con sus emprendimientos?
Hay redes a nivel comunitario, trabajamos mucho con Banca para el Desarrollo. Con micro y pequeñas empresarias es un trabajo de acompañamiento, les enseñamos cómo llevar cuentas, cómo manejar redes sociales, cómo proyectarme a socios internacionales, conocer a la competencia; es decir, que la tecnología se convierta en herramienta para ellas.

 

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