Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 6 Agosto, 2009


VERICUETOS
Arias se lo ha ganado

Desde el momento en que dejaron la Casa Blanca después de transmitirle la Presidencia de Estados Unidos a Ronald Reagan, Jimmy y Rosalynn Carter han dedicado su vida al The Carter Center, una ONG orientada, en el marco de los derechos humanos, a luchar por la paz en las zonas de guerra, contra la enfermedad y a “construir esperanzas” para la gente más olvidada y necesitada del mundo.
La prensa internacional da constantemente cuenta de la labor del Centro Carter, creado en 1982, en más de 80 países, principalmente pobres, en los que se han convertido en la voz y única esperanza para millones de personas. No en vano se dice que la post-presidencia de Carter ha sido la más productiva entre todos los presidentes de Estados Unidos. Viajero incansable, ha escrito y publicado más de 20 libros que describen profundamente su pensamiento político, pero que también narran sus ejecutorias en todo el globo, incluyendo sus esfuerzos diplomáticos por salidas pacíficas para las crisis de Corea del Norte, Sudán, Uganda, Haití, Bosnia y sus extraordinarios esfuerzos por una paz duradera y una solución digna para el problema palestino-israelí.
Carter, quien por razones obvias no puede desligarse de su condición de ex mandatario norteamericano, es constantemente criticado por los que no entienden los alcances de su misión global, curiosamente los mismos que no creen que los esfuerzos por la paz valen la pena y que los pobres merecen una oportunidad.
Me confieso lector apasionado de los libros de Carter, porque soy un profundo admirador de la misionera y titánica misión del Centro Carter y del empeño de los ideales de su fundador.
Uno de estos días comencé a leer “Beyond the White House”, una publicación de 2007, en la que narra los primeros días del Centro y su involucramiento en los programas relacionados con sus tres objetivos descritos.
En un aparte que denomina “Resolución de Conflictos”, el presidente Carter comenta como con base en las técnicas principalmente derivadas de la Universidad de Uppsala en Suecia, el Centro Carter, junto con los secretarios generales de la ONU y de la OEA, así como con la Mancomunidad Británica de naciones, conformaron la Red Internacional de Negociación, cuyo objetivo era el análisis y la resolución de conflictos armados que vigentes en ese momento, cobraban miles de vidas en todo el orbe.
La Red fue conformada por personalidades de altísimo rango de todos los continentes: el ex secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, el ex presidente Obasanjo de Nigeria, Cyrus Vance, ex secretario de Estado, Desmond Tutu, arzobispo de Sudáfrica, la viuda del ex primer ministro Olof Palme, Marie Savane de Senegal, el superviviente del Holocausto Elie Wiesel Shridath Rampal, el ex ministro soviético Eduard Shevardnadze, el ex embajador de Estados Unidos en la ONU, Andrew Young, y el ex presidente de Costa Rica Oscar Arias Sánchez. Extraordinario reconocimiento para él y distinción para el país.
En momentos cruciales para América Latina, cuando algunos intereses inconfesables pretenden cuestionar la autoridad moral y política del presidente Arias para mediar en el conflicto hondureño y para impulsar su Acuerdo de San José (con el que dicho sea de paso discrepo en varios aspectos) resulta reconfortante recordar el respeto internacional que Costa Rica ha merecido en los foros globales gracias a su gestión.