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La tarea que se avecina requiere el apoyo y el esfuerzo de la más amplia mayoría de los costarricenses. Solo así podría llegar una bonanza que satisfaga a todos y, como consecuencia, perdure

Aprovechar el terreno fértil

La noticia del ingreso del primer competidor de origen extranjero al mercado nacional de seguros, se suma a otras que en estos días dibujan el panorama del país con una fisonomía diferente, que se corresponde con la apertura comercial.
Esto debe ser un acicate para dar los pasos que no se hayan dado en dos sentidos: uno, el de preparar a los costarricenses a fin de que puedan aprovechar el libre comercio y la buena cantidad de tratados comerciales que ahora existen con diversos países. El otro, la urgencia de establecer, cuando no las haya, las regulaciones que puedan hacer falta y los mecanismos para que funcionen los debidos controles.
Solo así podrá continuar un sano crecimiento en el país que garantice satisfacciones al sector empresarial nacional o foráneo y a los costarricenses, quienes esperan recibir los prometidos beneficios de estas prácticas.
Para lo primero, es necesario que la fuerza laboral tenga acceso a la educación y capacitación que le abra la puerta del empleo decente y bien remunerado. Sin embargo no podrá dar rendimiento en los estudios un segmento de la población que apenas intenta sobrevivir a la pobreza extrema.
Para lo segundo, deben implementarse las instancias necesarias con sus debidos recursos, para ejercer adecuado control sobre las operaciones que el libre comercio favorezca. En este sentido habrá que sumar a las acciones normales que esto requiera una fuerte lucha contra la corrupción.
Ambas, sin duda, conocidas y contempladas en agenda. Lo importante es que pasen del papel a la práctica porque asegurarán la buena marcha de la economía nacional y una distribución más justa de la riqueza y las oportunidades.
Esto debe pasar de la intención a la ejecución de modo tal que el país vea el rumbo y quiera sumarse a él. La tarea que se avecina requiere el apoyo y el esfuerzo de la más amplia mayoría de los costarricenses. Solo así podría llegar una bonanza que satisfaga a todos y, como consecuencia, perdure.
Un hermoso reto, sin duda, para un país pequeño, pobre, pero con muy buenas posibilidades de alcanzar un desarrollo acorde con las expectativas y la idiosincrasia costarricense.
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