Carlos Denton

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Miércoles 3 Diciembre, 2008

Añorando el debate del TLC

Carlos Denton

Durante 30 de los 48 meses de su periodo constitucional los diputados de la actual Asamblea Legislativa se dedicaron a aprobar las distintas leyes relacionadas con la agenda complementaria del TLC, pero ahora que se han liberado de esa carga, han comenzado a producir legislación nueva que no tiene que ver con el comercio exterior. Viendo la producción nueva, confieso que añoro la época del TLC, cuando se produjo legislación de gran importancia para el país.
El componente de la nueva ley de tránsito que se refiere a la multa de ¢267 mil al taxista “mal humorado” es un ejemplo de la producción de los “padres y madres de la patria” que veo con cierto nivel de alarma. Por más que le doy vueltas al asunto, no visualizo cómo se aplicará ese componente de la ley. Si uso un taxi y no le doy propina al chofer porque habló en el celular mientras conducía, se fue por la ruta equivocada, y mantuvo la radio encendida y a alto volumen aunque pedí que lo bajara, y me grita “agarrado” y otros improperios cuando me bajo del auto de servicio público —¿a qué instancia denuncio al malhumorado? ¿Y qué beneficio recibo yo por hacer la denuncia? A él quizás lo multen, aunque lo pongo en tela de duda, pero el tiempo que pierdo en poner la denuncia, y asistir a la audiencia, ¿cuál sería mi recompensa?
No comprendo cómo se aplicará el componente de la nueva ley de servicio doméstico que dice que si la trabajadora contrae una enfermedad de un miembro de la familia, y se tiene que incapacitar, hay que pagarle el salario completo por hasta tres meses incluyendo la parte en especie. Primero, no visualizo cómo se podría comprobar que la trabajadora lo contrajo de algún familiar. Segundo, por qué se da este beneficio al trabajador doméstico y a los de fábrica y oficina no. Por ejemplo, si un trabajador de una fábrica contrae una gripe, no puede decir que la contrajo del “patrón” y por esa razón hay que complementar el subsidio del Seguro Social para que reciba su salario completo. Tercero, nunca he visto una cláusula de una ley más propensa a crear una “dialéctica” en un hogar. Si la trabajadora contrae la enfermedad en su casa propia un fin de semana, viene y contamina a toda la familia, y cuando todos están estornudando, ella va a la Caja y se incapacita diciendo que es culpa de los patronos, ¿Quién decide la razón entre ellos?
La nueva ley de control sobre los mensajes de texto es bonita —el problema es que la tecnología se mueve más rápidamente que los diputados y su ley. El habitante con Internet que cree que con esta nueva ley se le va a disminuir la cantidad de mensajes vendiendo todo desde imitaciones de relojes finos, títulos universitarios, productos farmacéuticos genéricos, oportunidades de ganar alguna lotería europea, lotes en la playa panameña y otros servicios que no se pueden mencionar en un medio de esta categoría sinceramente cae en la ingenuidad. Las llamadas telefónicas de empresas legítimas como la CID/Gallup que hacen encuestas tampoco van a disminuir.
Quedan casi 18 meses más del periodo de la Asamblea Legislativa actual. ¿Qué otras cosas inoperables podrán confeccionar y aprobar los señores diputados en el período que les queda? Durante el periodo de la discusión y aprobación del TLC confieso que estuve frustrado en varias oportunidades, pero ahora admito añorar ese periodo donde se vieron 57 personas patrióticas y pensantes legislando seriamente para el futuro del país.

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