Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 10 Enero, 2012


TROTANDO MUNDOS
Año Nuevo, Impuesto nuevo


Se nos hace difícil decir, en eso del Impuesto a las Personas Jurídicas, que nos robaron la idea sin siquiera darnos las gracias pues en realidad, eso fue lo único que nos robaron. Ya se lo habíamos ofrecido a Guillermo Zúñiga cuando era Ministro de Hacienda, quien también lo cambió y trato de usarlo sin darnos las gracias, pero su “adaptación” fracasó en el Congreso.
Al proyecto serio y técnico que venimos propiciando hace cerca de diez años (en este país nada ocurre en su momento más oportuno), lo tergiversaron hasta desnaturalizar su intención, su facilidad de aceptación y su justicia. Para empezar, proponíamos una tasa, no un impuesto.
Con afán de hacer calzar los números lo encarecieron hasta hacerlo impagable y atractivo a la defraudación. Una vez más olvidaron la teoría de Arthur Laffer de que para ser exitoso, un impuesto tiene que ser razonable. Proponíamos un monto de doscientos dólares americanos, pero lo subieron a trescientos, un treinta y tres por ciento más.
El pago en el nuestro corría desde la fecha de incorporación, haciendo más fácil controlarlo a lo largo del tiempo, pero los expertos apiñaron el pago a partir del 1 de enero, teniendo que hacer prorrateos complicados. El nuestro se enfocaba en las dos sociedades comerciales por excelencia, la anónima y la de responsabilidad limitada, dejándole a las pequeñas y medianas empresas la opción de cambiarse a alguna de las otras formas jurídicas más transparentes con lo que, no solo se hacía un uso más técnico de los vehículos corporativos, sino que se eximía del pago a las pymes, pudiendo controlar sin tanta complejidad sí de verdad lo eran.
Sí no se pagaba el monto, en nuestro proyecto se castigaba a la empresa y sus propietarios. El del Gobierno hace solidariamente responsables a los representantes legales, aunque éstos en la mayoría de los casos no sean propietarios. Como mejor decirlo que responsabilizaron legalmente a la cocinera por las deudas de la patrona. ¿Inconstitucional? Ya lo veremos.
Otra de las lindezas es que le asignan destino al impuesto, lo que nunca se aplica en este país porque la caja única se lo traga todo y a ese hueco negro no lo entiende ni el científico espacial Stephen Hawking.
Parece pues que seguimos viviendo de la improvisación y el año nuevo no nos trae nada ídem en ese departamento. Cuando a veces da la impresión de que se abre alguna ventana de oportunidad, surgen obstáculos que nos impiden progresar. Seguimos debatiéndonos en interminables círculos cerrados, callejones sin salida que no nos permiten tomar iniciativas. Prueba de esto es que en las últimas tres décadas no se ha construido un solo proyecto importante en el país, salvo por algunas plantas del ICE que, no obstante, vienen atrasadísimas pues fueron concebidas en la época de don Pepe Figueres.
Panamá, en cambio, a diario nos sorprende en plena acción. Su enorme desarrollo urbanístico y de infraestructura nos hace lucir como un país estancado. Esto sin analizar proyectos como la nueva terminal de ferrocarriles en construcción en Zürich, que teniendo ya una internacional enorme y modernísima, la está duplicando bajo tierra en previsión del futuro.
¿Hasta cuando Costa Rica?

Humberto Pacheco
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