Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 11 Octubre, 2013

Sin un claro proyecto político, se logrará poco en apoyo al triángulo virtuoso de paz, democracia y seguridad, que tanto reclama el istmo


Entre cielo y tierra

Ambicioso acuerdo

Costa Rica, o mejor dicho Centroamérica, es parte de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea que entró para nosotros en vigencia a partir de este mes. En términos sencillos, este tratado desea ver a nuestra región como un solo país, lo cual es todavía más un anhelo que una realidad.
La posibilidad de llegar a tal condición requerirá que la mirada hacia el istmo evolucione.
Para ello será necesario salir del tipo de relación de donante a receptor que ha venido marcando la pauta hasta el momento, para llegar, como así lo supone el acuerdo, a una correspondencia de socios, esta vez con contenidos pactados que solo podrán ser modificados por mutuo entendimiento.
La nueva realidad de región a región, buscará, más por influencia europea, no involucrar solo a los gobiernos, sino que intenta abarcar al conjunto de la sociedad, entre sus pilares fundamentales.
Lo anterior resulta lógico, pues si los anhelos morazanistas de los europeos están configurados a ver una región integrada fuera del papel, el trabajo cultural que se requerirá será colosal, sobre todo para comunicar efectivamente los “beneficios” del tratado a los pueblos.
Sin embargo, es claro que este objetivo no es un asunto de corto plazo. Por ahora es fácil vislumbrar que viene una fase de preparación, tanto en el sector público como en el privado, para que las “bondades” sean efectivas y no terminen engavetadas en los laberintos burocráticos del istmo.
Al menos desde una perspectiva programática, el establecimiento de una zona de libre comercio, la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, son las principales ventajas comerciales visibles, donde se prescinde el doble del lado europeo que del centroamericano.
No obstante, con la integración económica y comercial no será suficiente para una región dolida de problemas sociales. Sin un claro proyecto político, se logrará poco en apoyo al triángulo virtuoso de paz, democracia y seguridad, que tanto reclama el istmo.
Por esta razón, las capitulaciones de cooperación más que un barniz para adornar e infundir aires de superioridad a una parte firmante, resultan esenciales para los propósitos verdaderamente integracionistas, especialmente como un eje facilitador para desencadenar los cambios urgentes para el buen funcionamiento de lo que parece ser un nuevo plan de desarrollo.
En la actualidad con las amenazas a la seguridad y la rápida expansión de los negocios ilícitos que vuelan hacia el Norte, el factor de cooperación resulta un catalizador para lograr que el comercio derivado del acuerdo pueda crear las circunstancias de mejor ingreso a los pueblos involucrados.
Sin dudas la entrada en vigencia del Acuerdo de Asociación con Europa representa un hito en la historia económica de Costa Rica, una pequeña nación ahora ya abierta a los tres mercados más potentes del planeta. Entendida esta realidad dentro de un contexto centroamericano, representará además el inicio de una nueva etapa integracionista, en la cual el país tendrá que jugar con nuevas cartas y estrategias.


@luisalberto_cr