Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 16 Julio, 2015

El tiempo sigue su marcha inexorable y quienes prometieron un verdadero cambio de rumbo, siguen inertes como si en el horizonte no se advirtiesen graves oráculos

De cal y de arena

Alianzas, una se agita y otra inerte

En la enrarecida atmósfera política nacional donde lo único abundante es la ausencia de liderazgos y la multiplicación del descreimiento entre los ciudadanos, no es de extrañar que la alianza proclamada por el Frente Amplio, por una facción del partido en el gobierno y por el conglomerado polícromo de las agrupaciones sindicales más belicosas, haya sido recibida como una expresión del pandemónium que se visualiza en un cercano horizonte.
No hay razón de fuerza para advertir la proximidad de una debacle política por efecto de esta alianza, de total lógica y congruencia con las corrientes partidistas de izquierda que quieren contrarrestar y quizás hasta reducir a la impotencia, a otros movimientos políticos con representación parlamentaria que buscan trabajar en pro de una agenda legislativa de distinto signo y contenido.
La verdad es que este maridaje traza como ganadores netos a las tribus sindicalistas que de no tener curules pasan a atar los apoyos para sus tesis de algo más de diez diputados. Para el PAC y el gobierno, en cambio, el enganche es toda una torpeza política que muy caro les va a salir.
La reacción que esta alianza ha provocado al otro lado de la acera hay que tomarla como resultante del clima de intolerancia y maniqueísmo que se ha ido asentando en esta sociedad, con pintas muy propias de aquellos aciagos días del “no le hable, no le compre, no le venda”, hoy con la determinación evidente de sumir en la descalificación a todo ese colectivo que se sambenita con el calificativo de “chavista”.
En una democracia como la que pretendemos hay que dejar espacio libre a la confrontación ilimitada de ideas, de forma tal que los contenidos del plan de acción política suscrito el 26 de junio por aquellas corrientes de la izquierda sean sometidos a un amplio debate en tribunas, cátedras y periódicos abiertos a una equitativa participación. Así el ciudadano puede conocer qué se propone, qué secuelas tiene y qué criterio le merece.
Más grave que lo que prohíja esa izquierda, me parece la inercia de las agrupaciones políticas de distinto signo que justificaron la necesidad de controlar el directorio legislativo con la urgencia de dictar leyes idóneas para sanar las finanzas públicas, reactivar la economía, reversar las tendencias en desempleo y pobreza y combatir todo aquello que tiene a la administración pública entrabada y sofocada por mil regímenes de privilegios incosteables.
El tiempo sigue su marcha inexorable y quienes prometieron un verdadero cambio de rumbo, siguen inertes como si en el horizonte no se advirtiesen graves oráculos. Dice mal el que esta otra plataforma antitética de la izquierda no se ponga en movimiento ni entregue resultados ni se desvele por llenar el vacío que crea la inepcia política de un Poder Ejecutivo que desnuda incapacidad para forjar acuerdos de amplia base que subsanen la languidez de sus huestes parlamentarias y enrumben la nave hacia el saneamiento de las finanzas públicas tanto por el lado de los ingresos cuanto por la frontera de los egresos, que es el sonoro punto de concordancia evidenciado en los análisis de la crisis fiscal.

Álvaro Madrigal