Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 16 Marzo, 2018

Sinceramente

Alianzas y gobiernos de unidad nacional

No ha dejado de sorprenderme cómo las agrupaciones políticas que participan en la segunda ronda atacan ferozmente las adhesiones y alianzas de sus adversarios sin parar mientes en que están haciendo lo mismo.

Una agrupación que de manera salvaje atacó al Partido Liberación Nacional durante los últimos 20 años ha acogido a los “buenos liberacionistas” y sigue atacando a algunos de los partidarios de esa agrupación por haberse aliado y adherido públicamente a la agrupación contraria.

El PUSC se ha dividido una vez más y muchos aseguran que es la definitiva. El primer grupo y más numeroso representado por la estructura de dicha agrupación se adhirió a don Fabricio, el segundo formado por el antiguo candidato del partido y unos poquitos socialcristianos que le han seguido se sumaron al PAC.

Don Rodolfo Piza Rocafort ha actuado con toda seriedad y siguiendo la técnica tradicional en estas alianzas. Elaboró una lista de proyectos y de metas para construir sobre esa base una alianza de consenso legislativo para una vez ganada la elección lograr que se aprobara en la Asamblea Legislativa. Bien hecho por don Rodolfo quien logró la aceptación del PAC y de don Carlos Alvarado de la misma. Esta aceptación no fue nada sencilla. El PAC es socialista, estatista, proteccionista y don Rodolfo es de una orientación liberal y fue miembro destacado de la ANFE. Unos cuantos socialcristianos como doña Edna Camacho propuesta para encabezar el Consejo Económico, don Jorge Guardia, don André Garnier ministro propuesto para la coordinación de sector privado, don Javier Chávez, don Alberto Franco y alguno más que se me escapa difieren del pensamiento de doña Epsy Campbell, de don Ottón Solís y de don Henry Mora en sus planteamientos económicos y de libre comercio.

Nada sencillo ha sido por razones electorales de la segunda vuelta amalgamar a quienes han sido claros adversarios en una sola agrupación. Esa es la magia de las alianzas sobre una agenda formal. No es ni será una declaración de amistad eterna sino el simple transar de intereses. Unos dan apoyo, traen propuestas y los otros las aceptan con tal de conseguir los votos necesarios. ¿Y qué si son simplemente usados para atraer votos y luego salen de sus posiciones por incompatibilidad con el resto del gobierno?

Nada muy diferente ha sucedido con el grupo del PUSC que liderado por don Gerardo Vargas y motivado ideológicamente por el expresidente don Miguel Ángel Rodríguez se han sumado al movimiento de don Fabricio Alvarado. Este agregado no fue antecedido por aceptación de lista de proyectos o acuerdo de metas. Este acercamiento ha sido para sumar personas y quizás, aunque no está claro, hacer esos programas y esas metas después. ¿Qué fuerza tendrán ya electos para hacer una agenda de consenso?

Las críticas a unos y otros ha sido feroz. El PUSC se divide cuando debería haber ido unido a cualquier alianza formal. Estoy claro que don Rodolfo Piza y su grupo de amigos siguieron el proceso correcto.

En el Partido Liberación Nacional no hubo iniciativa alguna que formulara la lista de proyectos y metas para negociar una agenda común. Esa agrupación permitió a sus partidarios sumarse de manera libre y sin pretender buscar una agenda parlamentaria de consenso. Este hecho me ha dejado sorprendido. Con la mayor de las minorías en la Asamblea Legislativa era la agrupación que más influencia habría tenido. Los liberacionistas que se sumaron al PAC guardan una cercana identidad ideológica con los objetivos y propuestas de aquel partido. Para muchos liberacionistas como las estructuras que siguieron al expresidente Figueres Olsen, al exministro Garnier, a la exministra Ávila, votar por el PAC va a ser casi como votar por el PLN. Puede ser que este sea el inicio de otro bipartidismo formado por el partido Restauración Nacional y el Partido Acción Ciudadana. Volvería a tener el país dos partidos poderosos. Pareciera que este movimiento simplemente dejó por fuera a una parte importante de la dirigencia tradicional del PLN.

Algunos liberacionistas de peso en la intelectualidad del país le han dado la adhesión a don Fabricio, entre los que destacan don Édgar Ayales y don Gerardo Corrales. Sin agenda ni compromiso de aprobar aquella en la Asamblea Legislativa todo parece un ejercicio en buena voluntad o en ingenuidad política. Sus posiciones son de remoción libre por parte del presidente de Costa Rica.

Estamos viendo el ocaso de los partidos tradicionales que se han asimilado a sus cercanos en pensamiento, en cercanía, en amistades nuevas y viejas. Estamos presenciando el nacimiento de una nueva era política en la que Restauradores y Pacquistas serán quienes aglutinen las fuerzas electorales del país. Una clase política dirigente ha cesado de ser significativa. ¿Sobrevivirán luego de este terremoto los partidos Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional con una identidad clara y propia? ¿No sucederá que los éxitos políticos serán atribuidos al partido de gobierno y los yerros a sus aliados coyunturales? Veremos, esperemos a ver.

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