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No se trata de lograr una sociedad abstemia, sino de educar y de atender los problemas que hacen que las personas no puedan mantener un consumo moderado, esporádico y por tanto no dañino del alcohol


Alcohol y drogas, enemigos solapados


El excesivo consumo de alcohol y el uso de otras drogas en el país, causan diversos problemas a la sociedad en general y a quienes abusan de ello.
Desde el punto de vista abordado hoy en una nota de este medio, las empresas y centros de trabajo en general, públicos o privados, se perjudican por la adicción al alcohol o las drogas de sus empleados y como una contribución a la sociedad y en auxilio de sus colaboradores, pueden adoptar programas tendientes a ayudarlos a alejarse de esa adicción.
No obstante, esto no deja de ser una forma de atender un síntoma, no sus causas.
La pregunta que quizás deberíamos hacernos como sociedad es por qué nuestra gente, al igual que muchas otras personas en el mundo, ha perdido prácticamente su capacidad de divertirse, disfrutar de la vida y sentirse bien entre amigos sin modificar la química de su cerebro mediante el alcohol o las drogas.
Es decir, que si bien las empresas y otros muchos entes públicos y privados hacen esfuerzos muy loables para ayudar a quienes se ven impulsados al abuso del alcohol para sentirse bien, hay una gran pregunta pendiente: ¿en qué fallamos como sociedad? ¿Por qué tanta gente prefiere evadirse de la realidad bajo los efectos del alcohol o las drogas?
El tema es serio y así debería ser tomado puesto que las malas consecuencias del uso demasiado frecuente o el abuso constante de las bebidas alcohólicas impactan directamente sobre la salud de las personas, su desempeño en la sociedad y sobre el sistema de salud que, a la postre, deberá atenderlos.
Lo anterior sin considerar diferentes secuelas como los accidentes de tráfico, el aumento de la violencia callejera e intrafamiliar, entre otros.
No se trata de lograr una sociedad abstemia, sino de educar y de atender los problemas que hacen que las personas no puedan mantener un consumo moderado, esporádico y por tanto no dañino del alcohol.
Por otra parte, quienes irreflexivamente comienzan a consumir alcohol con regularidad, desconocen si su organismo tiene alguna herencia genética conducente a la enfermedad adictiva. De tenerla, se encuentran bajo la amenaza de caer en cualquier tipo de adicción. Otros factores sin embargo podrían llevarlos a las mismas circunstancias.
Es tema de especialistas, desde luego, pero creemos que debería ser de interés nacional puesto que requiere atención sistemática e integral.
 

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