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Martes, 14 de julio de 2020



NOTA DE TANO


Alajuelense se las ingenió para sostener el 2-0 de la ida

Gaetano Pandolfo [email protected] | Viernes 19 junio, 2020

Facundo Zabala, a puro corazón, fue baluarte de la retaguardia manuda

Similar a los torrenciales aguaceros que nos inundan estas tardes de junio, que empiezan como llovizna y terminan a trueno limpio, el Herediano voló metralla sobre la portería de Leonel Moreira en el minuto 76, en procura de abrir la cuenta y lograr el gol que le urgía para meterse en el partido semifinal.

Gerson Torres y Yendrick Ruiz remataron en la boca del portero manudo, quien se lanzó a su costado derecho para evitar el viaje del balón a los cordeles. El pecho de Facundo Zabala fue socio en el impedimento.

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Estaba claro y se comentó en los previos del encuentro, que el primer gol dictaría el curso de los acontecimientos. Como esa anotación finalmente no llegó, la semifinal se decantó en favor del Alajuelense, que plantó un partido inteligente para sostener el 2-0 del juego de ida.

El gol temprano que le urgía a las huestes de José Giacone no cayó, todo lo contrario, la ocasión más clara de toda la primera parte la tuvo el León en el minuto 9, con un filtro preciso y precioso de Alex López a Allen Guevara, el “Cusuco” lo cruzó a la red, pero Esteban Alvarado achicó espectacularmente.

Andrés Carevic tuvo un acierto táctico al parar a José Miguel Cubero delante de su línea de cuatro. El volante central manudo fue figura en la primera parte.

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El Team, en ofensiva fue de menor a mayor, como los aguaceros, con tibias ocasiones de gol en el primer tiempo, pero acrecentó su dominio en todo el complemento, sin poder hallar el sendero a los cordeles y eso que Giacone metió al zacate a todo el arsenal de sus morteros: Ruiz, Rojas, Torres, Burke, Nextaly, Bernard y Villalobos.

Tras sostener el 0-0 al término de la inicial, la Liga se tiró atrás desde el minuto uno de la segunda parte y jugó con orden y al ritmo del reloj.

Sin renunciar al contraataque, una de sus armas más peligrosas, conforme el tiempo avanzaba, Carevic enviaba más soldados a reforzar los muros de contención del equipo. Así, Alfaro Y Sequeira se convirtieron en escuderos de Cubero; Machado y Junior apretaron las tuercas y un voluntariosa Zabala se las ingenió a puro corazón, para que Gerson Torres no lo dejara regado en el camino. Determinante resultó también la seguridad que el portero Moreira transmitió a sus compañeros.

Una de las posibilidades del juego de vuela era que el 2-0 de la ida se hiciera muy grande para el Herediano: simple y llanamente, eso fue lo que sucedió.

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