Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 12 Febrero, 2013

Seguimos viendo las cosas como cuando nos llegó la independencia… esperando que se aclaren los nublados del día. ¿Estaremos preparados para aceptar las consecuencias de nuestras malas decisiones o la falta de ellas?


¡Ahí viene el lobo!

Varias personas me han preguntado de la reacción de los bancos al anuncio de las políticas propuestas por el gobierno para evitar o limitar el capital golondrina. Algunos bancos incluso a la espera de estas medidas han detenido los créditos y especialmente los del sector productivo, hasta tanto no se tenga claro el panorama y sus consecuencias al sector financiero nacional.
Esta reacción la considero natural ante la noticia; al final de cuentas, los bancos también tienen un riesgo asociado al negocio y en especial los funcionarios de los bancos del Estado.
Creo importante explicar qué ocasionó esta decisión: durante varios años hemos venido escuchando a funcionarios del Banco Central decir que en cualquier momento se liberarán las bandas cambiarias.
Esto la gente no necesariamente lo entiende, pero la liberación de las bandas podría ocasionar una revaluación importante del colón, bajo las condiciones actuales del mercado cambiario y de tasas de interés.
El objetivo del Banco Central es claro, mantener la inflación en un nivel bajo, como lo ha logrado en los últimos años. Sin embargo, la defensa de las bandas le cuesta dinero al Banco Central.
Entonces, para no liberar las bandas y reducir el costo de la intervención diaria del Banco Central al mercado, el gobierno sugirió una serie de medidas para limitar el ingreso de capital golondrina al mercado nacional.
Todo lo anterior en lugar de poner en la palestra la posibilidad de una dolarización del tipo de cambio, medida que sí les pondría solución a la inflación, a las tasas de interés y por supuesto a la disminución de la incertidumbre del sector productivo.
Claro que esta medida eliminaría la posibilidad del Banco Central de seguir teniendo un peso importante en las decisiones de la economía nacional.
La pregunta sería aquí cuál es la medida que más le conviene al país y no a una institución o sector.
Lo cierto es que la incertidumbre a los sectores productivos, el incremento en los costos de agua, luz, teléfono, etc., en momentos que internacionalmente nuestros mercados más importantes están en crisis, no ayuda en nada al crecimiento del sector productivo y mucho menos a la generación de empleo por parte del sector privado, el cual al final de cuentas es el que paga impuestos y el que debería generar mayor empleo.
Mientras tanto el empleo en el sector público se sigue incrementando, sin que necesariamente mejore la calidad de los servicios, pero sí las responsabilidades económicas del Estado.
Como van las cosas, las situación de España o Grecia no está muy largo de la nuestra y el lobo terminará comiéndose a Caperucita.
El anuncio de que viene el lobo terminará siendo no un problema de planificación, sino un problema de aceptación y acción de parte de todos.
Parece que en nuestro país seguimos viendo las cosas como cuando nos llegó la independencia… esperando que se aclaren los nublados del día. ¿Estaremos preparados para aceptar las consecuencias de nuestras malas decisiones o la falta de ellas?

Mónica Araya