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Miércoles 18 Febrero, 2015

La aparición de algunos cánceres se ha involucrado, en los últimos 35 años, con procesos inflamatorios causados por sustancias químicas y microbios


Agentes inflamatorios y cáncer

La historia y la literatura indican que el cáncer es tan antiguo como la humanidad. En la cultura egipcia ya se conocía la existencia del cáncer en humanos y las autopsias han demostrado la existencia de tumores óseos en algunas momias. Las escrituras médicas chinas y árabes también describieron síntomas semejantes a neoplasias.
Hipócrates, en el año 400 A.C., introdujo el término carcinoma de karkinos (cangrejo) debido a la manera de dispersión lenta y persistente dentro del cuerpo humano. Sin embargo, fue hasta en el siglo XVIII cuando el cáncer empezó a ser estudiado en forma sistemática; Müeller y Virchow demostraron que el tejido canceroso estaba formado por células. Desde entonces, los patólogos y clínicos han considerado al cáncer como “una proliferación anormal de células malignas”, pero han clasificado las neoplasias procedentes de los diversos órganos del cuerpo como enfermedades diferentes.
No obstante, no es hasta en las últimas décadas cuando se pone de manifiesto que las causas difieren enormemente. En realidad, en nuestro organismo, con mucha frecuencia, se producen células cancerosas y el desarrollo de esta enfermedad depende de la habilidad de nuestro sistema inmunológico, por medio de las células “killer” o asesinas, de capturar y eliminar las células malignas. La proliferación de los diferentes tipos de cáncer depende en un 15% de nuestra predisposición genética, el restante 85% de las condiciones ambientales y el estilo de vida de los seres humanos.
La aparición de algunos cánceres se ha involucrado, en los últimos 35 años, con procesos inflamatorios causados por sustancias químicas y microbios; en forma anecdótica, en 1865, el mismo Virchow, observó que una serie de pacientes desarrollaban tumores en partes donde habían sufrido un golpe. Fue hasta en 1986 cuando Harold Dvorak, patólogo de la Universidad de Harvard, retomó dicha hipótesis demostrando el asombroso parecido entre los mecanismos de las inflamaciones provocados en forma natural y la inducción de tumores cancerosos. Además, este investigador señaló que uno de cada seis cánceres está relacionado con un proceso inflamatorio crónico, ejemplos de esto lamentablemente hay muchos, entre los cuales podemos citar el:
? Cáncer de pulmón, provocado por el sílice, amianto y humo del cigarrillo.
? Mesotelioma, relacionado con la inhalación de asbesto o amianto.
? Cáncer hepático ocasionado por la inflamación crónica provocada por los virus de la Hepatitis B y C.
? Papiloma, inducido por varios tipos de virus.
? Cáncer gástrico, asociado a la inflamación crónica provocada por la bacteria Helicobacter pylori.
? Sarcoma de Kaposi, inducido por el herpes humano Tipo 8.
La asociación entre inflamación y cáncer, según Dvorak, está fundamentada en que las células cancerosas aprovechan los mecanismos de la inflamación como un factor de crecimiento derivado de las plaquetas para multiplicarse adecuadamente e invadir otros tejidos del cuerpo. Es decir, las células malignas utilizan la inflamación como un “caballo de troya” para atacar nuestro organismo.
Varios oncólogos, lógicamente, no estarán de acuerdo con lo indicado por estos connotados científicos. Sin embargo, la mayoría de los científicos están de acuerdo en que la mejor manera de prevenir los diferentes tipos de cáncer es mejorando el ambiente y el estilo de vida de las personas.

Darner A. Mora Alvarado