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La necesidad insatisfecha de un buen sistema de servicio de transporte colectivo público sigue sin ser atendida por los gobiernos de turno


Transporte público sin solucionar

¿Por qué continuamos con una Gran Área Metropolitana saturada de vehículos y presas en las calles, en detrimento de la salud humana, el ambiente y la economía?
La mayor cantidad de vehículos por cada mil habitantes la tiene Costa Rica, en la región, según cifras dadas por el Banco Mundial. Este es un dato que han divulgado los medios en los últimos días, pero quizás lo más importante al recordar cifras como esta es comprender por qué se da el fenómeno y por qué no se corrige a pesar de ser nocivo en múltiples sentidos.
El costarricense, o cualquiera que viva en nuestras ciudades, hace lo posible por tener un vehículo particular para trasladarse, a causa del mal sistema de transporte colectivo público de que se dispone.
Autobuses incómodos, un sistema que no satisface las necesidades y obliga en algunos casos a tomar dos o hasta tres diferentes líneas para llegar al destino, riesgos al abordar o abandonar uno de estos transportes que a veces hacen sus paradas en medio de la calle (si es que se detienen), inseguridad, entre otros males, hacen que la gente se esfuerce por tener un automóvil aunque sea de segunda mano.
No obstante, la necesidad insatisfecha de un buen servicio de transporte colectivo público sigue sin ser atendida por los gobiernos de turno.
Incluso, el gobierno anterior, como si resolver este problema no fuera su obligación, decidió, en cambio, castigar a los dueños de vehículos prohibiéndoles transitar un día a la semana en su auto.
La medida no ha servido para nada, puesto que la mayoría da enormes vueltas —gastando más gasolina aún— para burlar los controles de placas por parte de la Policía de Tránsito y poder llegar a sus sitios de trabajo a tiempo (hacerlo en autobús le llevaría dos horas de ida y dos de regreso). Con esto, no disminuyen ni la cantidad de carros en las calles, ni la contaminación, ni las presas, ni el derroche de combustible.
Sin embargo, ni siquiera es tema prioritario el asunto en el Ejecutivo ni en el Legislativo. Un tren puesto a funcionar por la insistencia y el esfuerzo de un funcionario no sustituye, desde luego, la solución integral al problema que debió dar, desde hace años, el ministerio del ramo.
Todo sigue igual y, lo único que se realiza puntualmente, es el aumento de las tarifas de autobuses, sin que ello signifique ninguna mejora para los pasajeros que deben abordarlos porque no les queda más remedio.
 

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