Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 25 Julio, 2013

La realidad exhibe a ambas agrupaciones (PLN y PUSC) sometidas al control férreo de la oligarquía neoliberal y a su catecismo definitorio del modelo de país


De cal y de arena

Social cristianos y Social demócratas

Del social cristianismo y de la social democracia hoy se habla en la Unidad Social Cristiana y en Liberación Nacional nada más que como un ardid para simular que aún se inspiran en estas fuentes del pensamiento político de la acción del Estado para buscar la justicia social.
Mas la realidad exhibe a ambas agrupaciones sometidas al control férreo de la oligarquía neoliberal y a su catecismo definitorio del modelo de país.
Esa oligarquía es una única con una misma cédula de identidad aunque actúa con bandera de distintos colores por la gracia del oportunismo.
Fracasó cuantas veces quiso obtener el respaldo del electorado a un partido suyo confesamente neoliberal. Le ha ido muy bien, en cambio, cuando hizo las de Ulises en Troya: sigilosamente invadió al PUSC y al PLN hasta apoderarse de posiciones vitales para imponer su visión neoliberal de las cosas.
Así, los partidos que lucharon por la justicia social terminaron sometidos al neoliberalismo que les impuso la suplantación de su identidad histórica.
La “ley de hierro” por la que las oligarquías hacen sus dictados implacables y de obligado acatamiento precisamente para consolidar su imperio con la dureza del acero, explica por qué esos partidos no podrán cuestionar el modelo de país impuesto a partir de 1982 con efectos devastadores en el Estado social de derecho.
Rogelio Ramos Valverde, ciudadano y diputado ejemplar del que el ex presidente Calderón Guardia distinguió “su invariable fidelidad a los principios políticos de nuestro partido”, en 2009 preguntó quién asumirá la bandera del social cristianismo estando el PUSC “contaminado por la derecha en parte responsable de la arremetida contra la Reforma Social de 1942”.
De parecido linaje fue la queja de Enrique Obregón, otro prohombre que enriqueció nuestro Parlamento, al anotar que el PLN perdió su clara vocación por la social democracia al mutar a un socialismo democrático de nombre y a un liberalismo inconfesable.
“Nuestra democracia ya no lo es —comentó días atrás— porque perdimos el sentido moral de gobierno de los pueblos y para los pueblos.
Lo que Figueres duró 25 años construyendo, sus herederos lo han desmantelado. Obedecieron al financista, al especulador, y olvidaron la enérgica voz del patriota. Hemos perdido el rumbo ideológico y moral”.
Los problemas de nuestro desarrollo humano se han agravado. Lo que fueron envidiables avances en este campo, hoy muestran un claro retroceso.
Contrasta lo que el país acumuló en varias décadas al impulso de las reformas de Calderón Guardia y de Figueres Ferrer, con el marcado deterioro que muestran hoy los rubros componentes del desarrollo humano.
Una economía en expansión que no ha tenido efectos distributivos, ricos más ricos y pobres más pobres, un Estado que se desentendió de los mandatos cardinales del Capítulo de Garantías Sociales de la Constitución y que fue despojado de recursos y de atributos para ejecutar políticas nacionales dirigidas a repartir adecuadamente la riqueza.
¿Cómo desfacer entuertos? Este es el gran debate para esta campaña.

Álvaro Madrigal