David Gutierrez

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Martes 17 Septiembre, 2013

Si un problema tenemos en Costa Rica es el exceso de democracia


¿Se acaba el poder?

En su más reciente libro, The end of power, el reconocido escritor, académico y economista, Moisés Naím, nos hace reflexionar acerca del poder: ¿se acabó, se ha debilitado o es amenazado constantemente?
Así, el inicio del libro plantea que la mayoría de la gente percibe un mayor poder por parte de los gobernantes que el realmente detentado por estos.
Naím señala que, a pesar de que hoy se obtiene poder más fácilmente, por otra parte se dificulta su ejercicio y se puede perder rápidamente.
En la actualidad, las personas poderosas pueden hacer mucho menos con este que los líderes de épocas anteriores. Estas limitaciones al ejercicio del poder se dan en todas las áreas: académica, ciencia, militar, arte, religión, política, empresas privadas, cámaras, etc.
En su libro, Naím presenta múltiples estadísticas para justificar su teoría. Por ejemplo, en 1977 había 89 países gobernados por autócratas, y en 2011 solo 22. Actualmente, y por primera vez en la historia, más de la mitad de la población mundial vive bajo sistemas democráticos (excluyendo a la población de China, que no es una democracia). Con mayor frecuencia los gobiernos llegan al poder con un mandato más débil, con triunfos electorales mínimos en las elecciones presidenciales o parlamentarias.
La debilidad del poder también se presenta en la empresa privada y de sus efectos tampoco se salvan las juntas directivas ni los presidentes ejecutivos (CEO), cuya estabilidad y término de duración en el puesto se han visto dramáticamente reducidos.
¿Por qué pasa esto? Porque las barreras que siempre protegieron a los poderosos se empezaron a caer y el autor considera que esto se debe a las “3 revoluciones”: la del más, la de la movilidad, y la de la mentalidad.
En el mundo actual hay más de todo: gente, jóvenes, riqueza, abundancia, computadoras, criminales, ONG, enfermedades y educación. Al mismo tiempo, la gente se mueve más, tanto de un país a otro, como de las zonas rurales a los centros urbanos. Es más fácil y barato moverse, no solamente para las personas sino también para ideas y bienes.
Gente con más dinero, más educación y más recursos tecnológicos ya no admiten que “esto se hace así porque yo digo” ni que “esto se hace así porque siempre se ha hecho de esa forma”. Las barreras que protegían al poder se han debilitado.
Costa Rica no se escapa de este fenómeno. Desde 1995 se habla de ingobernabilidad. Se alega que no se sabe quién manda. ¿Será porque no manda nadie? ¿O porque algo mandan todos: Presidente, Sala Cuarta, Contraloría, Municipalidades, los bochincheros, etc.?
El poder del expresidente Óscar Arias en su mandato de 1986 fue mucho mayor al de 2010. Y ni comparar el detentado por don Pepe Figueres o Rafael Ángel Calderón Guardia a mediados del siglo XX, con el de la Presidenta Chinchilla en el presente. En nuestros días, casi cualquier persona tiene el poder de bloquear la implementación de una decisión o una idea en este país. Y al mismo tiempo, nadie tiene el poder de imponerlas.
Si un problema tenemos en Costa Rica es el exceso de democracia. La esencia del fracaso de un Estado es, precisamente, el fin del poder por medio de su fragmentación o atomización.
Es bueno tener derechos, pero también se necesitan líderes, instituciones fuertes y seguridad jurídica.

David Gutiérrez

David Gutiérrez
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