Riesgo de colapso: trocha fronteriza
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Si no se retoman obras, ruta podría tener corta vida
Riesgo de colapso: trocha fronteriza

Clima, mal diseño e inadecuados materiales amenazan periodo útil de la vía

A un año y medio de haberse comenzado a construir la trocha fronteriza que va a lo largo del río San Juan, el camino corre un alto riesgo de morir prematuramente.
Las obras en la vía se encuentran paralizadas desde hace casi cuatro meses, cuando se detectaron las primeras anomalías con el manejo de los recursos.

Esto ha generado que una extensión de casi 40 kilómetros, entre la Boca del Río Sarapiquí y Boca San Carlos, se encuentre prácticamente intransitable.
Allí predominan la maleza y el barro, mientras que las condiciones climatológicas han inundado gran parte del camino, tal como comprobó LA REPUBLICA en un recorrido por la zona.
El problema podría agravarse con la llegada de la época más lluviosa del año en la zona, que va de octubre a diciembre.
En este periodo es común que el San Juan aumente su caudal y en algunas partes “se meta” hasta 200 metros en territorio costarricense, según algunos pobladores.
Esto afectaría la ruta, paralela a unos 50 metros de la ribera sur del río, y para la cual no se han hecho rellenos, aumentos en la calzada, diques, canales ni ningún otro tipo de obra que impida el paso del agua.
Pero esta no es la única parte que corre riesgo de morir prematuramente.
El mal diseño de la obra y los materiales utilizados hacen que su supervivencia esté en entredicho, de acuerdo con una inspección realizada por el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la UCR.
“La trocha presenta un alto riesgo de colapsar durante la época lluviosa, debido a la inexistencia de estructuras de drenaje, y la inestabilidad de gran cantidad de cortes y rellenos. En caso de que esto llegara a ocurrir, representaría una pérdida sustancial de la inversión realizada hasta ahora, pues implicaría la reconstrucción de muchas secciones del camino”, indica el informe.
Los riesgos son variados y persisten a lo largo de toda la ruta, revela el informe.
Por ejemplo, uno de los problemas que más se repiten es la ausencia de canales y drenajes adecuados para que fluya el agua.
En algunos sectores la carretera incluso tapó el desagüe de algunos humedales, lo que podría generar inundaciones.
Otra de las situaciones que más se repiten son los inadecuados materiales. Existen tramos donde el lastre no llega ni a cinco centímetros, cuando lo normal y en otros sectores es superior a 25. Con algunas lluvias, esta calzada desaparecerá pronto.
Eso sin contar la situación con los puentes, donde utilizaron troncos y cajones de furgón que no soportarían el paso del agua ante una crecida. De hecho algunos ya colapsaron, cortando el paso en varios segmentos de la ruta.
“La condición actual de la trocha limita su impacto social y económico, pues su funcionalidad no es acorde con la inversión y el esfuerzo realizado por el país en su construcción… Al parecer no existió control sobre las características y la calidad de los materiales empleados, pues se observaron situaciones no deseables”, añade al respecto el informe de Lanamme.
Todo ello genera preocupación entre los lugareños, debido a que muchos ya han dejado de utilizar la navegación por los ríos especialmente el Sarapiquí y San Carlos para comunicarse con el interior del país.
Estas eran las rutas tradicionales para abastecerse, pero con la llegada de la trocha ahora aprovechan los accesos para viajar por los caminos de lastre y tierra abiertos.
La vía es especialmente utilizada para llevar comestibles a la zona, así como trasegar algunos productos para el comercio local, especialmente lácteos y del sector agrícola.

Luis Valverde
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