Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 11 Agosto, 2014

Un encuentro con un pasado musical que no solo les pertenece a los nicaragüenses: también forma parte de nuestra historia


Quincho Barrilete

En 1977 no vivíamos en un mundo globalizado. De hecho, los habitantes de San José éramos bastante pueblerinos. Sin computadoras, Internet ni televisión por cable, todos veíamos los mismos programas. Un gigante nos reunía entonces a todos los latinoamericanos frente a las pantallas: la Organización de Telecomunicaciones Iberoamericanas (OTI).
Fundada en México en 1971, la OTI reunía canales de televisión de casi todos los países de América. A un año de su creación estableció un Festival de la canción que se trasmitió en vivo en 20 países, además de España y Portugal.
Los primeros años los ganadores representaban los países más grandes de Iberoamérica (y Puerto Rico): Brasil, México (dos veces) y España. Después de 1977 también los estados superiores en dimensiones geográficas obtuvieron el primer lugar: nuevamente Brasil, México y España (dos, tres y cinco veces), cuatro Argentina, dos Chile y Venezuela, una vez más el pequeño Puerto Rico y Estados Unidos.
Pero volvamos a 1977, año de la sexta edición del Festival de la OTI, celebrado en el Centro Cultural de la Villa de Madrid. España apenas iniciaba su proceso de democratización con el presidente de la transición, el recientemente fallecido Adolfo Suárez.
El dúo Trigo Limpio, quedaría en tercer lugar, con una canción icónica y políticamente incorrecta: “Por eso rómpeme, mátame, pero no me ignores, no, mi vida: prefiero que tú me mates que morirme cada día. / Tus manos son dos cadenas, mi placer y mi agonía: con una me das cariño, con la otra me dominas. Prefiero sentir la espuela que me hincas cada día a ser la flor que en un vaso olvidaste en una esquina”. Considerando el número de femicidios anuales en España, la canción debería estar prohibida.
En cambio la letra de la canción que obtuvo el primer lugar lo tenía todo: poesía, lenguaje popular, un personaje, una historia, una esperanza. Ese año Nicaragua ganó con “Quincho Barrilete” de Carlos Mejía Godoy.
Cómo una canción que terminaba afirmando que Quincho, “un día va a enrollar la cuerda del cometa y muy feliz mirando al sol se marchará, enfrentará las realidades de su pueblo y con los pobres de su patria luchará”, logró pasar la preselección en Nicaragua bajo el régimen de Somoza. Es un misterio. O no. El arte muchas veces logra superar las dictaduras.
El mítico cantautor nicaragüense compuso temas que ya son clásicos: “Alforja campesina”, “María de los guardias”, “Clodomiro, el ñajo”, “Son tus perjúmenes mujer”, “Nicaragua, Nicaragüita”, “El Cristo de Palacagüina”.
Esta semana los costarricenses podremos cantar estas y otras canciones de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina que, junto con Dionisio Cabal y su grupo “La Cruceta”, presentarán el concierto “Riberas de un mismo canto”, en el Teatro Nacional el jueves 14 de agosto.
Es, sin duda, un encuentro con un pasado musical que no solo les pertenece a los nicaragüenses: también forma parte de nuestra historia. Invitados están.

Claudia Barrionuevo
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