Macarena Barahona

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Sábado 16 Febrero, 2013

Callejear es un verbo construido a paso, por las generaciones. Pero quedan tan pocos edificios patrimoniales en la ciudad de San José, que callejeamos entre fantasmas


Cantera

Nuevo edificio de la Asamblea Legislativa

Callejear es un verbo construido a paso, por generaciones de generaciones que, caminando, de una ciudad a otra, de un pueblo a otro, de una acera a otra, construimos eso, caminos, calles, pueblos.
Callejear es conocer, es vivir en ese andar ciudadano. Es hacer de la ciudad una conciencia colectiva que le abre las puertas de un conocimiento que fluye en sus aceras, en las puertas de las iglesias, en los edificios históricos.
Camino en la ciudad de San José, con estudiantes, con amigas, sola, compartiendo historias, fechas, acontecimientos, la vida de una en plurales. Historias de los josefinos, de amores que rondan en los cuadrantes, de hechos políticos, de la vida anterior de la ciudad que leemos en los pocos edificios patrimoniales que nos han heredado los políticos.
La ciudad de San José tiene su fecha fundacional con la inauguración de la ermita construida por el padre José Díaz de Herrera, un 21 de mayo de 1737, en el sitio que ocupa el edificio del Almacén Scaglietti, costado este del Banco Central.
Quedan tan pocos edificios patrimoniales, que nuestro diálogo callejero suele ser así: “aquí estaba el hermoso edificio del Palacio Nacional (demolido por decisiones políticas), la Plaza de la Artillería, que les daba espacio a los ciudadanos, más al este la hermosa Biblioteca Nacional (demolida por políticos de turno); más allá, vivió Juan Rafael Mora Porras, por acá la antigua casa presidencial, por el norte la desaparecida casa de Carmen Lyra, la antigua Plaza de la Concordia”. Callejeamos entre fantasmas.
La Estación al Atlántico, el Parque Nacional , hacia el oeste la antigua Fábrica de Licores, con el Parque España y el Morazán con su hermoso Templo de la Música, conforman una ruta hermosa llena de historias para compartir y ascendemos de nuevo hacia el este por el Paseo de las Damas y observamos el centro cívico más importante que conecta desde el Monumento Nacional que mira a Juan Santamaría, que no debe ser casualidad, de espaldas a los trabajadores de la Asamblea legislativa y de espaldas a los diputados, hacia el antiguo Cuartel de Bellavista, y la avenida central donde ocurren los acontecimientos más importantes de la vida cívica, las luchas en la calle, las manifestaciones, las esperanzas de trabajadores y ciudadanos.
Callejeando mis opiniones, he visto en fotografías la maqueta de quien ganara un concurso para la construcción del nuevo edificio legislativo y considero la invasión visual, a mi estatura de ciudadana, que es opresiva y agresiva, es una construcción sobre los edificios patrimoniales que disminuirían la perspectiva por todos los puntos cardinales. Son construcciones para hacerlas en espacios abiertos , no en nuestras pequeñas manzanas que guardan aún vida de ciudad con sus calles peatonales.
La vista periférica que tenemos en el Parque Nacional es de las mejores de toda la ciudad; se percibe un aire a libertad, con el Tribunal de Elecciones, la Biblioteca Nacional, la Asamblea Legislativa, el Antiguo Colegio de Sion, la Estación al Atlántico renovada y llena de vida.
El proyecto ganador, entre otros proyectos que no se han dado a conocer, tiene una invasión física sin proporción con su entorno, ni en la proporción que los trabajadores del poder legislativo tienen, horizontal y democrático.
A mi ciudad de San José la codician funcionarios sin piedad. Nos roban el Paseo de los Estudiantes para hacer un mamotreto, y ahora dictaminan un proyecto sin consideraciones patrimoniales y con aires dictatoriales.

Macarena Barahona