Pedro Oller

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Martes 26 Noviembre, 2013

La entrevista de José María Villalta con Alberto Padilla en el programa “Centroamérica Habla” denota mucho más de lo superficial


Máscaras

El fenómeno viral en redes sociales de la entrevista de José María Villalta con Alberto Padilla en un programa que lleva el título “Centroamérica Habla” denota mucho más de lo superficial.
Villalta, claramente desenmascarado en un ambiente muy lejos de su zona de confort —a pesar incluso de su conducta regia y distendida del inicio— evidencia primero que su discurso está reservado para foros criollos, sus respuestas claramente presupuestadas para nuestros entrevistadores; que sus posturas son acartonadas y su réplica inexistente más allá del absurdo contradictorio.
El espectáculo es rico visualmente, por lo que se escucha y porque Padilla logra contextualizar lo que el fenómeno mediático que es José María Villalta no ha querido aceptar: Un vínculo ideológico con el chavismo primero, y con el neo-socialismo latinoamericano que finalmente le ubica (hay repetidas referencias a la Argentina kircheniana, a Bolivia y Ecuador).
José María Villalta, candidato presidencial, rescata una Costa Rica distinta a la que siguieron los países de mayor violencia, de mayor desigualdad y de guerras fratricidas. En contraposición, Villalta defiende un país que escogió “una vía de fuerte intervención del estado en la economía, donde se fomentó el desarrollo de la micro y la pequeña empresa, donde se crearon instituciones sociales de salud pública, de educación pública que lograron grandes niveles de movilidad social (…)”. Coincidimos pero hasta ahí.
A vuelta de pregunta, confiesa no creer “que en primera instancia sea posible la nacionalización de empresas que estén en el sector privado” así hay que recuperar bienes públicos o servicios públicos estratégicos que están en el sector privado. Rehúye de la palabra expropiación cual mascarada de turno que se le viene encima. Por la palabra, pero no por la idea.
En lo que respecta a su propuesta de estatismo, Villalta no logra explicar cualquier inversión en infraestructura sin el aporte del capitalismo mucho menos escapar de nuestro mal endémico, ese NO que perdura en la mente de muchos y que nos amarra de manos bajo la perniciosa estela de la duda.
Es ahí justamente donde Alberto Padilla atrapa a José María Villalta y le pide explicar si los casos de Venezuela o Argentina, con muchos más recursos que nosotros, no se repetirían bajo su mandato. Para Villalta, es mejor no verse en ese escenario y recordarle al periodista que somos muy distintos.
Para justificarlo, paradójicamente recurre a nuestra institucionalidad: (i) en las organizaciones sociales, (ii) en el vigor de la democracia y, (iii) en la diversificación productiva, adonde aprovecha para lanzar en el espacio televisivo internacional un comercial digno de CINDE al resumirnos como “una economía de servicios de alto valor agregado, por el desarrollo de su educación pública, por el desarrollo de la tecnología y por la conservación ambiental”. O sea, tal cual lo que por 20 años hemos empujado como país y de lo que reniega.
En resumen, y aunque ahora cualquier vínculo chino resulte pecaminoso, una imagen vale más que mil palabras. O, como escribía Oscar Wilde en Dorian Grey: “El motivo por el que no quiero exponer este retrato es que temo haber mostrado en él, el secreto de mi alma”.


Pedro Oller