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De los efectos de la ingobernabilidad muchos se quejan, pero poco se habla de sus causas, que es lo que se debe combatir y cambiar

Lo que causa la ingobernabilidad

El tema de la ingobernabilidad se escucha un día sí y otro también pero como algo abstracto, cual si hubiera surgido por algún acto mágico salido del sombrero de un prestidigitador.
De sus efectos muchos se quejan, pero poco se habla de sus causas, que es lo que se debe combatir y cambiar para que la gobernabilidad vuelva a niveles aceptables.
En la mayoría de los casos, el problema lo generan quienes están a cargo del Estado, es decir, los gobernantes propuestos por los partidos políticos y los jerarcas por ellos nombrados.
Lo hacen permitiendo (cuando no propiciando) ineficiencia en el Estado, opacidad en sus procesos, permisividad sobre ello por parte del gobierno central, incorrecta relación entre el poder y los diversos sectores de la sociedad, ausencia de políticas capaces de impedir la inequidad, entre otras graves fallas, todas engendradas en realidad en un mismo vacío: la falta de un ideario concebido para el bien común.
Pero si los problemas se originan en el Estado, es decir, en el Ejecutivo, la Asamblea Legislativa y el Poder Judicial, hay que tener claro que la base del desequilibrio se encuentra en las agrupaciones políticas.
Es esa la fuente generadora de gobernantes. Es ahí donde se dejó de hacer política para dedicarse a forjar maquinarias electoreras. Se abandonaron las ideas que motivaban las sanas políticas para buscar el poder como tal.
Mientras no se sane la raíz del mal, gobernados y gobernantes seguirán padeciendo los problemas de la ingobernabilidad.
Ella no solo afecta al sector productivo del país y a la ciudadanía en general sino a los mismos gobiernos que se enredan en sus propias redes.
Deberá nacer nuevamente en el seno de las agrupaciones políticas el impulso creador originado en el deseo de hacer Política (con mayúscula).
Deberá cobrar vida en las agrupaciones políticas un ideario, un proyecto inclusivo, concretado en un plan transparente que no solo incorpore el qué sino el cómo y con cuáles recursos, capaz de sustituir al discurso gastado que acompaña a las campañas políticas.
De lo contrario, seguirá aumentando la falta de credibilidad y eso incrementará la ingobernabilidad, entrabando todo el engranaje que debería estar al servicio de la sana productividad y de una mejor calidad de vida para todos. Esto es un grave peligro para el presente y el futuro de la nación.
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