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Martes 5 Febrero, 2013

Es de necesidad inmediata un programa de regeneración democrática, que integre el rearme legal y moral de las instituciones (en España), y cuyo liderazgo ya no está en capacidad de asumir en solitario ninguna de las fuerzas políticas existentes


La política española, en la cuerda floja


Llantos, clamores y reclamos retumban en una España que atraviesa un periodo de efervescencia política que muchos catalogan de no retorno.
Si bien hace escasos días imputaban al miembro de la Corona española, Iñaki Urdangarin, por presunta corrupción relacionada con irregularidades de una institución sin ánimo de lucro en la cual fungía como presidente, ahora es el partido oficialista, Partido Popular, PP, quien salta a la palestra por el supuesto cobro de sobresueldos dentro de su cúpula.
Su cabeza representante y actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ese al que no le tembló la mano al consagrarse líder de la austeridad presupuestaria para combatir el déficit público; el que se jactó del uso de la “política de la tijera” ( la de los recortes) a costa de condenar a 5 millones de ciudadanos a la privación laboral; el que hizo gala un día de sus dotes para sacar al país de una de sus mayores crisis, muestra ahora su negativa de comparecencia frente a los medios de comunicación, de dar la cara.
Sin embargo, desde la barrera y bajo previa meditación, difunde el que podría tildarse del mejor discurso pronunciado a lo largo de su bagaje político.
Con solo dos palabras defendió su presunción de inocencia y el actuar de su partido, su contabilidad y la honorabilidad de sus miembros. “Es falso”.
Por el contrario, tal y como afirmó Antoni Gutiérrez Rubí, asesor de comunicación y consultor político en una de sus publicaciones, “en democracia, sin pruebas, no hay creencia ni confianza”.
Y así lo sienten los miles de manifestantes que se agolpan frente a las dependencias populares simulando la jornada del pasado 15-M. Pancartas y frases coreadas tales como, “Le llaman democracia y no lo es”, “Partido Popular estafa nacional” o “El PP una mafia es”, bombardean las sedes de la agrupación en los núcleos neurálgicos de todo el país.
Y es que ya no hay tregua. La tormenta arrecia y los españoles ya no callan sino exigen; ya no esperan sino protestan; ya no actúan en solitario sino en conjunto.
El terremoto en la vida política española está servido. Ya no solo se cuestiona la agrupación política gobernante sino que también se ha socavado la confianza de los ciudadanos tanto en el propio sistema como en la democracia del país.
Resulta por ello de necesidad inmediata un programa de regeneración democrática, que integre el rearme legal y moral de las instituciones, y cuyo liderazgo ya no está en capacidad de asumir en solitario ninguna de las fuerzas políticas existentes cuando en su mayoría están asoladas por la sombra de la sospecha.

Miren Martínez
Periodista