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Sábado, 17 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


La pobreza y el modelo

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 04 diciembre, 2014


De once países latinoamericanos, el nuestro fue el único en el que la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó entre 2001 y 2011


De cal y de arena

La pobreza y el modelo

En Costa Rica el costo de vida está un 20% más arriba que el promedio de Latinoamérica. Es una carga para todos, solo que para los que están jodidos ha de ser asfixiante.
La constatación de esta realidad, que se exterioriza fácilmente en la cotidianeidad de las compras que hacemos, la recoge el Vigésimo Informe del Estado de la Nación publicado hace pocos días, con importantes anotaciones que deberían incorporarse al cuaderno de tareas de quienes nos gobiernan, de los políticos, de los académicos y de los dirigentes sociales, llamados a demostrar que más que una pose sus decantadas preocupaciones por los desequilibrios sociales llevan el sello de un compromiso por promover los cambios de aquello que esté en los orígenes de los desajustes.
¿Qué hace que aquí los alimentos tengan los precios un 22% más altos, los servicios entre un 30% y un 60% más altos y la carga inflacionaria medida por la tabla de precios de los bienes con mayor incidencia para el consumidor acumulada entre 2006 y 2013 fue del 62%, en contraste con los registros del vecindario en los que aparece la inflación acumulada abajo del 30%?
Con razón, los empresarios advierten lo difícil que es competir cuando la estructura de costos es tan alta. A la par de su queja está esa otra amarga realidad que vive un amplio mundo de la sociedad costarricense sumido en las estrecheces del desempleo y de la pobreza.
Durante 20 años la pobreza ha acogotado a alrededor del 20% de los hogares y la tasa de desempleo abierto ha estado bordeando el 8%. Los estudios del Estado de la Nación muestran que un factor relevante explicativo de la pobreza y su comportamiento es la inserción laboral: los hogares obtienen más del 80% de sus ingresos en el mercado laboral, el cual resulta ser más duro para las mujeres y las personas jóvenes. Y entre quienes tienen empleo fijo, solo un 38,8% (656.373 personas) disfruta de todas las garantías laborales. Hay un 6,5% sin acceso a ninguna, arbitrariedad que en la región Huetar Norte adquiere los más graves tonos.
En una muestra de once países latinoamericanos, el nuestro fue el único en el que la desigualdad en la distribución del ingreso medida por el coeficiente de Gini aumentó entre 2001 y 2011. Tanto en el Informe del Estado de la Nación cuanto en el Plan Rescate con que el Partido Acción Ciudadana definió su programa de gobierno, hay coincidencia al señalar que estos resultados tienen que ver con el modelo de desarrollo económico seguido en Costa Rica, volcado al fomento del sector externo, y con una resultante: esa política ha premiado a ciertos sectores y ha propiciado así la desigualdad; no ha privilegiado el pleno empleo sino la segmentación del mercado de trabajo.
El Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 que acaba de divulgar el gobierno, apenas de refilón (pag. 47) alude a ese modelo que en la campaña política el PAC propuso trepanar, lo que deja en pie el cuestionamiento de que fue objeto.
Las metas de ese plan, precisas y sobradamente justificadas, de repente van a ser estorbadas por el modelo.

Álvaro Madrigal