Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 8 Agosto, 2014

Es lamentable, que en la política costarricense, lo blanco y lo negro terminen siendo lo mismo


Entre cielo y tierra

Conforme los 100 días de la nueva administración se acercan, muchas interrogantes se ciernen sobre los ímpetus de cambio, que tanto se publicitaron en las pasadas elecciones.
La formación de los equipos de trabajo, las fórmulas políticas para atacar los urgentes problemas que enfrenta Costa Rica y las prioridades de la agenda presidencial son parte de esa historia visible del nuevo gobierno.


Sus acciones están expuestas a los cuatro vientos, a vista y paciencia de los medios de comunicación, que entre otras cosas bien han revelado los cuantiosos botines de la guerra electoral, para algunos de sus estrategas.
Es lamentable, que al final de cuentas, lo blanco y lo negro terminen siendo lo mismo, y el anhelado cambio de una política tradicional a una “nueva”, que nunca se definió, terminará siendo un producto de demagogia democrática.
Días antes de los primeros 100, fecha que resulta interesante para los medios, pues se procura medir el espíritu y la actitud de un gobierno entrante, ya es posible vislumbrar divisiones y errores de foco frente a los pesados retos que enfrenta Costa Rica.
Nuestro país se encuentra ante una complicada coyuntura económica, para lo cual necesita en primera instancia sanear las finanzas públicas para lograr detener su colapso institucional.
Sin embargo, ninguna administración, ya sea del denominado “oficialismo” o de la supuesta nueva oposición está dispuesta a asumir la factura política por ejecutar esta tarea de recorte.
Con un déficit galopante, una condición mundial aún convaleciente y una producción interna afectada por la falta de inversión y las malas condiciones de financiamiento, el país no sale del “nadadito de perro” peligroso.
Mientras tanto, los países vecinos, enhorabuena, parecen haber entendido las condiciones de competencia que demanda el mundo hoy; en el norte se preparan para recibir la inversión asiática para el desarrollo de un canal interoceánico y por el sur dan pasos más concretos para culminar su visión de convertirse en el centro de logística de la región.
Esperamos con ansias los grandes planes de transformación para Costa Rica; si no, toca esperar de nuevo otros cuatro años más, para ver qué suerte nos depara.

Luis Alberto Muñoz Madriz