Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 10 Marzo, 2014

Si algo queda clarísimo ante la renuncia de Johnny es que el candidato presidencial tiene más enemigos dentro que fuera de su organización


Elegir es renunciar

Me gusta la sentencia: “Elegir es renunciar”. Siempre me sentí identificada con esa frase; creo que al escoger un camino se pierde la oportunidad de incursionar en otros.
A veces el orden de los factores no altera el producto. Otras veces sí. ¿Renunciar es elegir?
Al día siguiente de la renuncia de Johnny Araya, Óscar Arias aprovechó la ocasión para aclarar que no le habían pedido su consejo (¿Cómo? ¡Insolentes! Si consultar el oráculo de Delfos era obligatorio en la Grecia antigua); que uno debía terminar las luchas que afronta (en otras palabras: ¡cobarde!); y que, por supuesto, la culpa de todo es de Laura Chi (porque hace rato pasó de Chinchilla a chivo expiatorio).
Los cuatro años del gobierno de Arias fueron perfectos: todo lo arruinó la actual Presidenta.
El elegante Premio Nobel tiene sus ordinarios perros de traba apostados en la Asamblea Legislativa y desde allí les ladraron a los hermanos Araya (reforzando el concepto de cobardía de Johnny) y trataron de morder tobillos para asegurarse que los líderes del partido sean sus patrones.
¿Mencionar las opiniones del Presidente del PLN? No, gracias: mi generación y quienes son mayores que yo, no olvidamos su trayectoria; el tristemente célebre Mayo Negro del 82; ni su ostentosa casa en Zapote (perdón, Yoses Sur: no le bajemos su alta categoría). 
Si algo queda clarísimo ante la renuncia de Johnny es que el candidato presidencial tiene más enemigos dentro que fuera de su organización.
Mientras en el PLN todos los dirigentes se convertían en dignos (o indignos) protagonistas de “Amores Perros”, otros personajes sufrían ante una “posible” pérdida de poder. Posible, entre comillas, porque los que dueños de la economía nacional son, y seguirán siendo, los que mandan.
Desde el resultado de las elecciones hasta ahora el dólar se disparó como nunca desde la nueva política cambiaria. ¿Casualidad o manipulación?
Los presidentes de las cámaras, los empresarios del sector productivo, los más poderosos en el campo económico, no han dejado de presionar al Partido Acción Ciudadana para que aclare su posición en los temas que a ellos les interesan. Han exigido la permanencia del  señor Ayales (o su clon (sic)) en el Ministerio de Hacienda.
A ninguno de ellos les preocupa quién va a ser el Presidente de la Caja Costarricense de Seguro Social. No se plantean si al país le conviene o no mantener al Ministro de Educación. La caótica situación de las cárceles (digna de ser declarada emergencia nacional) los tiene sin cuidado. No se manifiestan ante el escándalo de las cirugías cardíacas en el Hospital Nacional de Niños.
Maquiavelo parece un infante ante nuestra realidad política. Estamos más cerca del Frank Underwood de “House of cards” de lo que creemos. El político que no haya visto esta serie, no está en nada. Se la recomiendo.
Y lo parafraseo: "Lo que un mártir anhela más que nada es una espada en la cual caer. Así que afilas la espada, la mantienes en el ángulo correcto y entonces tres, dos, uno..."

Claudia Barrionuevo
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