Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 27 Enero, 2014

Tengo recuerdos importantes de los primeros domingos de febrero desde 1978


Elecciones y tradiciones

Cada comunidad (países, regiones, grupos étnicos, culturales y/o religiosos) determina sus tradiciones. Estas tienen que ver con las costumbres, la historia, los principios y valores. Se trasmiten generacionalmente con el fin de conservar y consolidar la memoria. Los cambios sociales, culturales, ideológicos, pueden modificar las tradiciones.
En Costa Rica tenemos tradiciones nacionales y regionales de índole cultural, familiar y religiosa. Suceden siempre en el mismo momento ya sea que tengan relación con fechas concretas del calendario o con eventos lunares.
Solemos acomodar nuestros recuerdos relacionándolos con celebraciones, comidas, fiestas y, sin lugar a dudas, tradiciones. “Eso pasó una Semana Santa, me quemé con una empanada de chiverre”; “Era verano, el sol rajaba la tierra”; “Fue el día antes de la romería, no pude ir a Cartago en carro”; “Lo vi el día de la manifestación del No al TLC”.
Algunas tradiciones además de ser anuales son muy fuertes en el recuerdo: Navidad, Año nuevo, nuestros cumpleaños, el dos de agosto, Semana Santa.
Otras suceden cada cuatro años, como las elecciones. Pero, si nos interesa el tema, esos días quedan marcados en la memoria. Tengo recuerdos importantes de los primeros domingos de febrero desde 1978.
Mis tradiciones han cambiado: empecé como guía a mis 17, fui chofer las dos elecciones siguientes y desde 1990 he participado solo como votante. A partir de ese año elaboré mi propia tradición: desayunar frente al televisor haciendo zapping para no perderme el día de los diversos candidatos, ir a votar, recorrer algunas escuelas para ver el movimiento electoral y regresar a mi casa para zambullirme nuevamente frente a la pantalla observando la lectura de los primeros resultados.
Alguna vez, como lo manifesté en un artículo hace ocho años, me acosté con Ottón Solís en la presidencia y me desperté con Óscar Arias en Zapote.
Este año tengo nuevas emociones: mis dos hijas votan por primera vez y las acompañaré a sus centros de votación. Aunque hablamos muchísimo de programas, ideología y tendencias y hemos visto juntas más de un debate, las he respetado en sus decisiones: la prueba es que cada una de ellas, hasta ahora, se ha manifestado por candidatos distintos.
Mi postura ante ellas tiene que ver con la tradición de mi familia. Aunque hablamos muchísimo de política en los almuerzos quincenales, no solo durante la campaña electoral sino durante todo el año, somos muy respetuosos de las opiniones de cada uno.
Tradiciones: ya no hay dos partidos peleándose el Paseo Colón el domingo previo a las elecciones. Solo el PLN ocupará ese espacio cambiando la “manifestación de fuerza” por un domingo familiar sin trasportar militantes de todo el país.
Y en la misa del 2 de febrero en la Catedral, no habrá espacios privilegiados para los candidatos. De todas maneras, ¿quién puede comulgar? Ninguno que se haya casado por la Iglesia y luego divorciado. De los cinco que encabezan las encuestas solo José María Villalta podría hacerlo. ¿No es irónico?

Claudia Barrionuevo

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