Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Lunes 29 Julio, 2013

Tenemos serias dificultades para razonar y argumentar, y no contamos con las habilidades cognitivas y disposiciones afectivas para pensar de forma crítica y creativa


Desempleo, resultado de la incompetencia


Cuando el INEC reporta tasas del 10% de desempleo en la población en edad de trabajar, aun en aquellos con estudios universitarios, la discusión tiende a centrarse en el desaceleramiento de la producción nacional o en el bajo número de nuevos puestos de trabajo, no así en el hecho de que, en realidad, existen miles de empleos disponibles, pero solo para aquellos con las competencias que requieren los trabajadores en este siglo. Basta con confirmar las estadísticas que recopila Cinde.
El problema de fondo no se limita a que un gran número de costarricenses seguimos hablando un solo idioma. Tenemos, también, serias dificultades para razonar y argumentar, y no contamos con las habilidades cognitivas y disposiciones afectivas para pensar de forma crítica ni creativa, condiciones fundamentales para innovar, emprender y aprender.
En el ámbito intrapersonal, carecemos de apertura intelectual, iniciativa, ética laboral y flexibilidad. En lo que respecta a las relaciones interpersonales, no reflejamos competencias avanzadas para comunicarnos, ni oralmente ni por escrito.
Además, se nos dificulta colaborar, resolver conflictos y trabajar con responsabilidad, organización y esfuerzo.
La raíz del problema yace en el sistema educativo actual y en las políticas públicas que lo perpetúan.
El desarrollo de competencias es el producto del aprendizaje profundo, un proceso mediante el cual un individuo aprende a transferir lo que aprendió en una situación particular, a un problema nuevo y desconocido. Una persona con verdadera comprensión domina una gran parte del cuerpo de conocimiento de su disciplina y su relación con otras disciplinas, pero además sabe cómo, por qué y cuándo aplicar el conocimiento adquirido en la toma de decisiones y resolución de problemas.
El aprendizaje superficial, que se basa en la repetición de conceptos y ejercicios ofrecidos por un profesor o el autor de un libro, no genera ninguna competencia laboral valiosa.
¿Cómo adquirimos competencias?
Por un instante imaginemos que queremos llegar a ser competentes jugando beisbol. Sabemos que un excelente jugador debe conocer, con absoluta claridad, las reglas del juego y el papel de cada uno de los jugadores.
Pero también debe desarrollar destrezas para batear, lanzar la bola, apañar, correr, entre otras.
Por último, debe conocer y adoptar las actitudes o disposiciones de un jugador de beisbol competente: por ejemplo, entrenar disciplinadamente todos los días, trabajar en equipo, así como detectar sus propias debilidades e implementar medidas correctivas.
De igual manera, un profesional puede llegar a ser competente si posee conocimientos amplios de su disciplina, pero más importante aún, si logra desarrollar todas las destrezas y actitudes para asumir su profesión como lo haría un experto.
La persona que es competente sabe, pero además sabe hacer, sabe ser y quiere hacer.
Una educación basada en competencias es una idea a la que le llegó el momento.

Silvia Castro

Rectora de Ulacit