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Las administraciones tienen décadas de fomentar la existencia de un Estado débil que se fue desactualizando y entrando en obesidad por la sobrealimentación del clientelismo político

Craso error

El Estado no puede tener dos planillas: la de los funcionarios fijos y la de los contratados para hacer lo que aquellos deberían hacer.
Si se eliminaran las planillas paralelas de las instituciones estatales, haciendo que los funcionarios tengan los conocimientos requeridos para evacuar el trabajo correspondiente, tendríamos dinero suficiente para todas las necesidades.
Pero la realidad es muy distinta. Las administraciones tienen décadas de fomentar la existencia de un Estado débil que se fue desactualizando y entrando en obesidad por la sobrealimentación del clientelismo político.
Solo se pensó en la conveniencia político electorera coyuntural para hacerse con el poder, pero no en la necesidad de que, en cada nombramiento, quienes pasaran a formar parte de las planillas del Estado reunieran los requisitos para cumplir con las labores y hacer avanzar la institución hacia la modernidad.
Al amparo de ese débil, deficiente y pesado aparato público se desarrolló una cultura de desprecio hacia lo estatal y de justificación de la existencia de una planilla paralela de contrataciones para consultorías, que medio resuelven lo que las instituciones no pueden mediante sus funcionarios, y que continúan, en sí mismas, la práctica del clientelismo político.
Como es fácil comprender, con estrategias tan poco inteligentes y éticas, el país en vez de desenvolverse con solvencia, eficacia, transparencia y agilidad, se entrabó cada día más en las redes de una pesada burocracia.
Esta, por su parte, desmotivada y sintiéndose desplazada por los actores de las “consultorías”, se prestó en algunos casos para la entronización de un poder paralelo que vino a completar el nefasto panorama.
Todo esto fue construido por las propias administraciones que cerca de inicios de la década de los años 90 nos están repitiendo los mismos falsos anuncios de que se haría la necesaria reestructuración del Estado. Sin contar con que no solo hacía falta reestructurar sino actualizar en conocimiento y destrezas a la mayoría del personal.
Desde luego, hay excepciones y la situación es más o menos grave en unas que en otras instituciones, pero por ejemplo, lo dado a conocer por este medio ayer, sobre las escalofriantes cifras en consultorías que se permite Aresep, son una clara evidencia de todo lo dicho.
El propio gerente de esa entidad lo confirma: “… Muchas de las cosas que contratamos no estamos en capacidad de hacerlas, pues tendríamos que generar primero ese conocimiento o comprar esos recursos técnicos”, dijo.
¿Por qué hemos llegado a esto? Por haber creído que un sector privado podría crecer robusto y sin problemas con un Estado débil, obeso, politizado e ineficiente. Craso error.
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