Alberto Cañas

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Sábado 18 Mayo, 2013

Ya renunciaron quienes tenían que renunciar por torpes, por descuidados o por lo que fuera. Pero el nombre de Costa Rica sigue circulando en la prensa extranjera como el de un paisecillo que se ha puesto en ridículo


CHISPORROTEOS


He revisado cuidadosamente el contenido de mi columna anterior, y encuentro que en ella quedó dicho prácticamente cuanto este servidor de ustedes tenía que decir ese día en torno al malhadado viaje de la Presidente Chinchilla a Lima, a una boda, en avión cuya propiedad es preferible no mencionarla aquí.

Pero me da vueltas en la cabeza la idea de que no todo quedó dicho. Cuando veo que este incidente está provocando que en la prensa europea nos hayan comenzado a calificar de “banana republic” (calificativo que nunca merecimos y nunca nos endilgaron) y a subrayar el enorme ridículo que hay en este asunto, me pongo a pensar que a lo mejor no todo está dicho, ni la señora Presidente ha hecho cuanto debía hacer para recuperar el respeto del público hacia ella y del mundo hacia nuestro país.

Bien. Ya renunciaron quienes tenían que renunciar por torpes, por descuidados o por lo que fuera. Pero el nombre de Costa Rica sigue circulando en la prensa extranjera como el de un paisecillo que se ha puesto en ridículo. Y recuperar el respeto sólo puede obtenerse por actos propios del país, y no de la prensa extranjera que se está burlando de él.

Algo hay que hacer para recuperar el respeto que hemos perdido y que dos siglos de república en serio (con la excepción de los horribles, indecentes, homicidas períodos 1917-1919 y 1944-1948) nos habían granjeado. A los ojos del mundo hemos sido la república diferente en esta región del mundo. Estamos obligados a luchar a brazo partido por recuperar ese título. Y el único gobierno que tenemos deberá quebrarse la cabeza buscando la manera de contribuir a que eso se logre. Tiene poco menos de doce meses para hacerlo. El tiempo es corto y la tarea urgente.

Estoy seguro de que en el seno del gobierno esa necesidad, esa urgencia se siente, y se me ocurre que hay que comenzar por una reestructuración del gabinete, que venga gente nueva a dar consejos. No es mucho pedir, cuando muchos, muchísimos ciudadanos se sienten en tesitura de pedir mucho más.

Alberto F. Cañas