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Jueves 11 Diciembre, 2008

1,3 Km frente a 42 pisos


La edición de LA REPUBLICA del sábado 22 de noviembre nos ofreció dos noticias que sirven para comparar dos mentalidades y métodos de trabajo distintos, el de la iniciativa pública y privada. Por un lado nos entera que al fin las obras de ampliación de la vía que corre al costado sur de La Sabana entre la calle 42 y la esquina suroeste del Parque Metropolitano se iniciarían el lunes 24. En esa misma edición, nos comunica la noticia sobre la posible construcción del primer rascacielos de la ciudad de San José, un edificio de 42 pisos que sería construido en el costado este de la Sabana. Como los costarricenses nos hemos habituado a los alegrones de burro, es decir, a enterarnos de proyectos que no se inician nunca o nunca se terminan, ya no leemos el contenido de los artículos ni mucho menos reflexionamos sobre el mismo. A mí sí me asaltó una curiosidad que quiero compartir con ustedes.
La noticia de la ampliación de la vía del costado sur de la Sabana explica que se trata de una obra de 1,3 km de distancia y que estará lista, si Dios y la burocracia lo permiten, en 18 meses, casi el mismo tiempo que tardará la construcción de la autopista San José Caldera. La noticia de la construcción del rascacielos nos dice que esta gran y compleja obra de ingeniería tardaría 24 meses, o sea, seis meses más que la vía de 1,3 Km. Es decir, los encargados de la vía construirán 72 metros de promedio por mes mientras que en el edificio construirán casi dos pisos por mes. Lo que quiero destacar es la visión tan diferente que encontramos en el sector público y en el privado. En el primero, el fin es construir la obra no importa el plazo que dure y el costo que tenga (por aquello del encarecimiento de los materiales, ajustes, etc.) y en el segundo, el fin es construir la obra lo mejor posible, en el menor tiempo y al menor costo.
Hay muchos y recientes ejemplos de obras gestionadas por el sector público que por la tecnología disponible tienen un inexplicable e inaceptable lento desarrollo: la carretera intersección Moravia-Guadalupe-El Alto; la carretera Moravia – San Antonio de Coronado; Zapote-San Francisco; San Francisco-La Colina; etc. Los antecedentes de las casi cuarentonas vía costanera, carretera San José – Caldera, avenida segunda, Circunvalación y otras que esperan hace diez y 20 años, nos confirman que la organización administrativa y la gestión política de las pequeñas y grandes obras públicas, no están a la altura de la época.
Si no fuera por la heroica iniciativa privada que se atreve a invertir y hacer desarrollo en este país con mentalidad pública tercermundista, no tendríamos el progreso que vemos en algunas áreas. Aun así, es fácil ver la diferencia entre la magnitud y el empuje del desarrollo privado y el estancamiento de la obra pública.
La ministra de Obras Públicas y Transportes Karla González comentó en un telenoticiero hace algunas semanas que el MOPT es incapaz de gestionar simultáneamente los ocho proyectos viales urgentes que están listos para concesionarse, por tal razón, cinco de esos proyectos seguirán esperando, opino yo, a que alguien con más liderazgo y autoridad convierta los problemas en desafíos y se dedique a resolver de una vez los enredos jurídicos y burocráticos que obstaculizan el desarrollo dinámico, eficiente y oportuno de las obras que el país necesita para poner al día su nivel de competitividad. Es frustrante ver cómo en Panamá los proyectos sí se construyen en poco tiempo. Bien decía alguien, que este país todavía no solo necesita un capitán sino un nuevo barco, con máquinas modernas y operarios capaces, comprometidos, responsables e innovadores.

Mario Brenes Rímolo
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