Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 8 Noviembre, 2016

El equilibrio cambiario sostenido por las autoridades públicas del Banco Central ha propiciado entre otros factores, un creciente desequilibrio en el mercado de trabajo


Reflexiones

El debate cambiario, inconcluso e incompleto
 

El tema cambiario, como casi todos los temas de la macroeconomía, tiene más de especulación que de teoría económica. Para todos aquellos que hemos sido formados en una tradición económica más abierta y ecléctica, que las simples fronteras del pensamiento neoclásico de la economía, la discusión sobre los regímenes cambiarios y sobre las metodologías de fijación del tipo de cambio de estos últimos años, es bastante incompleta y como tal, el debate que hemos tenido resulta inconcluso. El contexto institucional e histórico concreto en el que se instauran dichos regímenes y sobre todo, las características de la estructura y arquitectura institucional del mercado cambiario, son esenciales para comprender las distintas trayectorias que asume dicho precio relativo, en determinado momento histórico en el país.

Algunas precisiones son necesarias para empezar. Hemos de distinguir entre tipo de cambio real y tipo de cambio nominal, el primero se refiere al precio relativo de la moneda y es un precio esencial en el sistema económico, ya que refleja en cada momento, la competitividad relativa de la economía con relación a sus referentes comerciales. El segundo, se trata de la expresión monetaria concreta del primero, en un momento en el tiempo, cuántos colones debo pagar por un dólar o moneda equivalente. En adelante, me referiré siempre al tipo de cambio real, excepto que mencione lo contrario. Dicho precio es esencial, ya que determina la rentabilidad relativa o el costo relativo de producir bienes para el comercio internacional versus producir para el mercado local, es una medida relativa del costo del país, en comparación con sus socios comerciales.

Cuando por motivos especiales o de política cambiaria el tipo de cambio se aprecia, es decir, la moneda se encuentra por encima de su nivel de equilibrio, tenemos una pérdida relativa de competitividad de las exportaciones y un abaratamiento de las importaciones. Por el contrario, cuando se deprecia o se encuentra por debajo de su valor, el costo de las exportaciones disminuye y las importaciones se vuelven mas caras. Por eso, si bien es un precio macroeconómico, no siempre está libre de presiones de unos y otros actores interesados y las posiciones de algunos economistas, también tienen el doble interés, según se trate de asesores de uno u otro de los sectores económicos. Es algo así como, dime quién te paga y te diré qué posición se asume. Digo lo anterior, dado que en este mundo de lo especulativo en la economía, algunos intereses se vuelven teoría y hasta el más incauto, puede pecar de sabe lo todo.

Un segundo tema importante es que los sistemas cambiarios, no son más que una forma especial de organizar el mercado, con ciertas restricciones institucionales para que funcione en una u otra dirección. Existen algunos más orientados a la competencia y a la generación de precios basados en los fundamentos de la evolución del mercado y otros sistemas, que ponen énfasis más en mantener ciertos equilibrios en otros precios, favoreciendo reglas e intervención acordes con esos incentivos de precios. Así por ejemplo, el sistema de minidevaluaciones ponía énfasis en la competitividad relativa de las exportaciones del país, mientras que el sistema de bandas cambiarias, lo hacía por el lado de generar un equilibrio en cuanto a las metas de inflación del país. Ni uno ni otro están ajenos a la injerencia del actor público u organización a cargo del sistema cambiario, para nuestro caso el Banco Central, solo que el énfasis de la actuación es distinto según se trate de uno u otro objetivo.

Un tercer argumento es que existen varios métodos para estimar los niveles de apreciación o depreciación real de la moneda, dentro de ellos pueden darse diferencias, tanto temporales como en las bases de comparación. Por lo general, se asume que el equilibrio cambiario de largo plazo es que permite mantener un sector externo razonablemente balanceado, lo que se puede evidenciar en el comportamiento de los distintos indicadores de la balanza de pagos. Ya sea que se trate de un precio relativo ajustado por diferenciales de inflación o que se estime como la relación entre los precios de los bienes comerciables y los precios de los bienes no comerciables, lo que se espera es que dicho precio relativo permita mantener en poder del Banco Central una cantidad suficiente de reservas para hacerles frente a las compras externas de bienes y servicios y a los pagos financieros y transferencias de la economía en forma holgada, sin tener que acudir a préstamos de última instancia ante los organismos financieros internacionales. Así la discusión, lo verdaderamente importante es si el país tiene o no la capacidad de financiar sus relaciones internacionales con relativa tranquilidad, en tanto lo pueda hacer, el nivel de tipo de cambio pareciera ser más bien, una decisión de política cambiaria.

Si lo anterior es cierto, entonces por qué tanta alharaca respecto al debate cambiario. El asunto se trata de una novela no acabada llamada política cambiaria del Banco Central. Si bien en el país el discurso oficial del Banco ha pretendido desde 2006 el liberalizar el mercado cambiario y generar un mayor nivel de flexibilidad en cuanto a la movilidad de los precios de la moneda, la verdad es que hemos pasado por importantes periodos de intervención en el mercado, tanto a través de la defensa de las bandas cambiarias, en su momento, como en la intervención para mantener la trayectoria estable del mismo una vez declarada la flotación. De tal manera que, es casi un hecho que si bien el discurso dice tener un tipo de cambio flexible, la verdad en la práctica nuestro país, es el claro ejemplo de una intervención discrecional creciente en el mercado, por parte de las autoridades del Banco Central.

No existe ni certeza ni claridad sobre que se busca con el objetivo cambiario de mediano y largo plazo, teniendo un mercado tan pequeño y distorsionado como el mercado costarricense, la verdad es que sería una utopía pensar en una liberalización completa del mercado cambiario, dado el gran poder oligopólico de los agentes del mismo, así como, los impactos que dicha estructura de mercado tiene en materia de riqueza y distribución del ingreso. Empero, algunos economistas del otro lado de la acera se empeñan en querer encontrar precios de equilibrio y de eficiencia en el mercado. Eso, para este mercado tan pequeño e imperfecto en mi parecer no existe. Si bien, sí podemos evidenciar cuando el precio definido según las reglas que sea, no calza con los fundamentos básicos de funcionamiento del sistema macroeconómico.

Un segundo elemento por recordar es que para muchos de los participantes en el debate la economía está en pleno empleo. Supuesto absurdo y poco realista dado que claramente, el país se encuentra muy por debajo de su frontera de posibilidades de producción, con alrededor de un 20% de sus recursos de trabajo ociosos. De igual forma, es importante asumir que, si bien el país cuenta con un financiamiento importante de la inversión extranjera directa para completar y sellar su déficit comercial, dicha inversión no puede ser siempre positiva y a largo plazo debería de bajar. Por lo tanto, los verdaderos indicadores de la sanidad de funcionamiento del sistema cambiario deberían ser la productividad, la existencia de competencias productivas mayores y por supuesto, un equilibrio en el financiamiento de la balanza de pagos. Algo que a todas luces no existe.

Desde mi punto de vista, el equilibrio cambiario sostenido por las autoridades públicas del Banco Central ha propiciado entre otros factores, un creciente desequilibrio en el mercado de trabajo. Si bien el objetivo de metas de inflación se ha consumado claramente, resultado de lo anterior, se han elevado la tasas de desempleo y se ha afectado de manera sustantiva a la producción nacional destinada a la exportación tanto de bienes como de servicios. Los precios relativos han movido los incentivos dentro de la economía para convertirse en una economía de servicios, más que una economía industrial y agrícola. Lo anterior pone en entredicho los niveles de competitividad relativa del país, pero en general, impone un alto costo social por mantener la estabilidad de precios, es decir, aumenta la tasa natural de desempleo.

Este fenómeno cambiario que estamos viviendo absorbe claramente un efecto riqueza producto de la mejora en los términos de intercambio y la bonanza internacional de tasas bajas de interés. Empero, cuando nos toquen las vacas flacas, será que las autoridades del Banco Central estarán dispuestas a dejar flotar la moneda para absorber a través de inflación y pérdidas de riqueza la futura situación. ¿Qué tan vulnerables somos ante cualesquiera de los posibles fenómenos globales que se miran venir?, pareciera entonces, que más que hablar de equilibrios, el mercado cambiario costarricense requiere de sentido común, de menos teoría y mucho más pragmatismo, pero sobre todo, de claridad y transparencia en la política de mediano y largo plazo y sus objetivos a seguir.

Dr. Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com