Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 11 Noviembre, 2016

Espero que el martes 8 de noviembre de 2016 no repita las tragedias de los años 30. No vuelva la humanidad a vivir los días aciagos de la xenofobia institucional, de la agresión, de la violencia, de los celos, de la envidia que todos guardamos dentro de nuestra psique y que algunos líderes logran sacar del individuo. Esta elección en Estados Unidos sin duda sacó el lado oscuro, los aspectos a la sombra de la psique de ese país. Hay que recordar todo esto también para Costa Rica. Que no nos suceda lo mismo

Sinceramente

Donald Trump
 

No hay pueblos impredecibles, solo hay líderes políticos y herramientas de demoscopia que en un momento dado dejan de tener las destrezas y precisión necesarias para desentrañar las corrientes ocultas del descontento en una comunidad. Crecientemente los electores no se definen públicamente y guardan sus preferencias políticas ocultas.

Por muchas décadas los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, los presidentes y líderes en la Cámara de los diputados y en la de los senadores, concentraron el diagnóstico y las soluciones a los problemas de Estados Unidos en unos cuantos asuntos centrales. Olvidaron que en todo cambio se generan grupos ganadores y grupos perdedores, grupos que apoyan y admiran las estructuras tradicionales y otros que les son desafectos. Esta fue la rebelión contra las estructuras tradicionales.

Así, los Tratados de Libre Comercio (TLC) generaron un progreso explosivo en el mundo y también en Estados Unidos, pero muchos norteamericanos que trabajaron en industrias de manufactura intensivas en el uso de mano de obra vieron emigrar sus puestos a Costa Rica, a China o a Singapur. Esta es una rebelión de los desplazados.

Muchos norteamericanos trabajadores de la industria automotriz o de las acerías vieron cómo la competencia internacional doblegaba a las empresas en que trabajaban y vieron perderse los privilegios que los sindicatos les habían conseguido a lo largo de la vida. La competencia en acero, textiles, automóviles, medicinas y herramientas los fue poniendo de rodillas. En medio de estas pérdidas de “buenos salarios” y “mejores puestos” ellos veían a republicanos y demócratas firmar más tratados y abrir la economía del país, guardando hondo resentimiento hacia los partidos y estructuras tradicionales. Esta es una rebelión por el proteccionismo.

Las fronteras permeables de Estados Unidos a la emigración generaron grandes molestias a los habitantes del país ya que aquellos emigrantes trabajaban mucho, vivían con poco, progresaban a diario. Los latinos comenzaron a llegar y a progresar, de jardineros, recolectores de cosechas y sirvientes pasaron a ser dueños de empresas y a ser profesionales, y la xenofobia hacia mexicanos y americanos de habla española y portuguesa creció. Los desempleados norteamericanos les echaron la culpa de sus desgracias. Los emigrantes latinos son diferentes, hablan otro idioma, son de color oscuro, baja estatura y católicos. Una gran reacción social xenofóbica se ha venido generando y la presión ha subido. Los hicieron un chivo expiatorio.

Donald Trump sintió y supo ser el vocero de todos estos y otros sentimientos y rechazos. Es más, ha servido como canalizador del descontento político contra la dirigencia tradicional republicana que no hizo lo suficiente en concepto de aquellos electores por remediar el conjunto de asuntos que los agraviaba. Ha sido un líder que ha sacado todo lo negativo y desagradable de los norteamericanos.
Los demócratas tampoco supieron interpretar los signos de los tiempos y su candidata, muy cuestionada, por manejos descuidados en su Secretaría de Estado y el aparente tráfico remunerado de influencias con las potencias extranjeras hizo que muchos la despreciaran. Bernie Sanders personificó tal rechazo y la larga campaña en su contra por la candidatura la afectó de manera decidida. Los jóvenes “millennials” y las redes de comunicación electrónicas generaron un enorme cambio en la campaña.

Sigmund Freud señaló hace mucho tiempo que nuestra psique tiene dos dimensiones, una depósito consciente del deber ser y otra depósito de lo que reprimimos por malo, porque creemos que puede causarnos dolor o mal. Ese depósito en la penumbra saldrá si es estimulado a hacerlo. La envidia, los resentimientos y odios, el placer derivado del dolor, la agresión, la violencia se encuentran en ese depósito. Reprimimos lo malo conscientemente, pero lo malo queda allí en el inconsciente y a veces brota. Trump manipuló y sacó lo malo.

Un mal día, el 30 de enero de 1933, un individuo maligno asumió el poder en Alemania. Había votado por su partido el 47,8% de los electores, llegando por la fuerza de votos y negociaciones a reunir legalmente el poder para ser Canciller. El sabía muy bien de todos los sentimientos y aspectos que los seres humanos guardaban en su lado oscuro, entre las sombras inconfesables del mal. Había explotado odios, envidias, resentimientos, violencia, agresión y había escogido un grupo humano minoritario al que había hecho su chivo expiatorio.
Espero que el martes 8 de noviembre de 2016 no repita las tragedias de los años 30. No vuelva la humanidad a vivir los días aciagos de la xenofobia institucional, de la agresión, de la violencia, de los celos, de la envidia que todos guardamos dentro de nuestra psique y que algunos líderes logran sacar del individuo.

Esta elección en Estados Unidos sin duda sacó el lado oscuro, los aspectos a la sombra de la psique de ese país. Hay que recordar todo esto también para Costa Rica. Que no nos suceda lo mismo.

Emilio R. Bruce
Profesor
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