Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 27 Octubre, 2009


¡Ya sé!


Me había costado un montón: Pasé de bombero a Batman, de Flash a futbolista, me conformaba con componer música como Sting o tener sus casas en la Toscana y Wiltshire y, a pesar de la crisis y como todos, estaba tirándole duro. ¡Pero qué va, me fui pollo!
Sin tanto enredo y a la tierna edad de 55 años, el BBVA —banco español con buena penetración en nuestras costas— ha pensionado a su #2 por la módica suma de €52,49 MM.
José Ignacio Goirigolzarri es mi nuevo ídolo inalcanzable. Lo siento por el Secada, por la Meza y por el che nuevo, Mediavilla, lo suyo no vale un cinco.
Al señor Goirigolzarri lo convencieron de “mutuo acuerdo”, a ver que lo digo con ironía, el aceptar una pensión anual de casi €3MM.
Don José Ignacio ocupó el cargo por la cortísima estancia de ocho años, pero debe ser un palo de directivo sobre todo para que lo jubilen anticipadamente y le paguen semejante billete.
El BBVA no tiene que dar explicaciones, es un banco privado y no le debe explicaciones a nadie que no sean sus accionistas. ¡Linda Asamblea General se les viene!
No obstante, desde las esferas oficiales hasta las de oposición, los gritos han pegado al cielo. La ministra española de Economía y Vicepresidenta Segunda, Elena Salgado, ha recurrido a la ética. El Ministro de Trabajo español, Celestino Corbacho, sin hacer gala de su nombrecito solo pidió una cosa: Que el BBVA “nunca nos den consejos para que congelemos las pensiones de 800 euros o abaratemos el despido”.
Al tiempo que esto pasaba en la Madre Patria, los ingleses daban muestras de mesura. Sus cinco bancos más grandes aceptaban a fines de setiembre, limitar la bonificación de sus ejecutivos.
Al Reino Unido lo han inducido Francia y el Grupo de los 20 para adoptar tal medida. Y, aunque le haya costado un montón, al fin hizo el propio y ha promulgado —entre otras—, las siguientes regulaciones relevantes:
• Las bonificaciones se retrotraen en la eventualidad de que un individuo ejecute ineficientemente sus obligaciones.
• Los ejecutivos más altos deben diferir entre el 40% y el 60% de sus bonificaciones por espacio de 3 años. Lo mismo rige para los funcionarios bancarios que tomen las decisiones más riesgosas.
• Todas las firmas financieras deberán publicar un informe anual que detalle su pago de bonificaciones.
• Los bancos deberán asegurarse que el pago de sus remuneraciones no afecte la salud financiera de su negocio.
Bien por Inglaterra, bien por Francia y por el G-20. Concluye uno que vamos por buen camino. Y estaría absolutamente errado.
El 4 de octubre trascendió que debía revisar mi designación de nuevo ídolo: El Bank of America —uno de los más golpeados y sufridos por la crisis en Estados Unidos— le pagaría a Ken Lewis, su exdirectivo en jefe, una compensación de $125MM. Aun con el diferencial cambiario, Goirigolzarri te cuento que Lewis es tu papá.