Nuria Marín

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Lunes 30 Enero, 2012


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¿Y nuestra competitividad qué?

Hace pocos días la escuela de negocios de la Universidad de Harvard reveló los hallazgos de una encuesta realizada a cerca de 10 mil exalumnos, que hoy ostentan puestos de alto nivel en el mundo corporativo global. Los datos son altamente reveladores.
Un 71% de los entrevistados espera que la competitividad de Estados Unidos decline en los próximos tres años. Por otra parte, si bien el 57% mencionó que percibe una mejoría en relación con otras economías desarrolladas, el 66% señala un declive con relación a los mercados emergentes.
En cuanto a la permanencia en territorio estadounidense u optar por otras regiones del mundo como locación para sus empresas, de 1.767 entrevistados que estaban en puestos a cargo de tomar esa decisión el 57% mencionó haber considerado seriamente la movilización fuera del país.
Un agravante para la economía estadounidense es que las empresas con mayor interés de movilizarse tienden a ser intensas en mano de obra (mayor a 1.000 trabajadores), tema especialmente doloroso para una economía que se recupera lentamente (producto de un incremento en la productividad) y en la que persisten altos niveles de desempleo (8,5%). Los destinos considerados con más frecuencia son: China (42%), India (38%), Brasil (15%), México (15%) y Singapur (12%).
Según este informe, si bien Estados Unidos mantiene fortalezas tales como una educación universitaria de alta calidad, la innovación y una cultura de empresarialismo, lo cierto es que también existen crecientes debilidades tales como la regulación, la carga impositiva, las dificultades para la inmigración y la escasez de talento disponible.
Esta encuesta forma parte de un ambicioso proyecto que justamente lo que pretende es aglutinar a los y las líderes en el mundo empresarial para articular una nueva agenda-país que se centre en temas prioritarios de la competitividad como la innovación, el empresarialismo, la gobernabilidad, los ecosistemas empresariales, el capital humano, la necesidad de una educación de calidad (al menos secundaria), nuevas políticas fiscales, sostenibilidad ambiental, fortalecer los mercados, la democracia y el comercio internacional, entre otros.
Dentro de este marco son aún más entendibles las propuestas y el norte esbozado por el presidente Barack Obama en el discurso del Estado de la Unión el pasado 24 de enero en el que señalaba como prioridad de su administración la inversión en mejorar la educación y la innovación para que los estadounidenses puedan competir en labores de alto valor agregado y de tecnología, así como un amplio respaldo a las pequeñas y medianas empresas.
Viendo los esfuerzos de esa nación y sus acciones por retomar el rumbo con una visión de mediano y largo plazo vale preguntarse como costarricense preocupada por los deterioros en educación, salud, ambiente y seguridad, de los últimos años, ¿y nuestra competitividad qué?

Nuria Marín Raventós