David Gutierrez

Enviar
Martes 27 Enero, 2015

Seamos prácticos y pensemos en el bolsillo de los que menos tienen, el progreso y la competitividad del país


¿Y nosotros?

Hace casi dos años la Agencia Internacional de Energía pronosticó que Estados Unidos se convertiría en el mayor productor mundial de petróleo. Efectivamente, en octubre de 2014 ese país sobrepasó a Arabia Saudita y Rusia en el liderazgo de producción de hidrocarburos.
Los precios del petróleo han caído a niveles históricos, con consecuencias geopolíticas y financieras para países como Rusia y Venezuela. Este último había preparado su presupuesto asumiendo un costo del barril de petróleo de más del doble del actual. En Rusia, el gobierno debió intervenir para estabilizar el rublo.
Esta alza en la producción de petróleo estadounidense se debe a la implementación del fracking, sistema que permitió aumentar su nivel de 6,8 millones de barriles en 2006, a más de 10 millones en 2014. Además, las reservas de crudo de Estados Unidos son las más altas del mundo, con capacidad para 106 días.
Se prevé que no será hasta 2020 que habrá pasado el mejor momento de los yacimientos de petróleo de Texas y Dakota del Norte, y entonces Oriente Medio recuperará su dominio, especialmente como principal proveedor de Asia.
¿Cuál es la importancia de esto? Para los estadounidenses es clarísima: se reduce la dependencia del inestable mercado internacional de hidrocarburos, se resta influencia internacional a los países más inestables, se baja el riesgo de las crisis energéticas y, lo más importante, se garantizan costes energéticos muy bajos, que le permiten ser una nación mucho más competitiva.
¿Y en Costa Rica? Mientras en el mundo los precios de los combustibles bajan dramáticamente, acá pagamos tarifas altísimas, en parte por un sistema de fijación de precios lento y obsoleto.
El litro de gasolina súper nos cuesta ¢580 y en Panamá el equivalente a ¢391, ya que en ese país hay libre mercado en la venta de combustibles y los consumidores no asumen el costo de una refinería que no refina y que tiene más de mil empleados. Además, en Panamá los impuestos a la gasolina son solamente del 7%...
El alto precio de los hidrocarburos repercute seriamente en el transporte pero también en el costo de la energía. Así, no solo es más caro transportar personas y bienes, sino que es más costoso producirlos. Ergo: vivimos en uno de los países más caros de Latinoamérica. ¿Y las medidas para evitar que esto siga aumentando? Pocas…
El Gobierno debería incentivar tributariamente la compra de vehículos amigables con el ambiente, obligar (y subsidiar) el transporte público por flotillas igualmente compatibles con el medio ambiente.
Además, como ocurre en Estados Unidos con el fracking, debemos explotar el gas que tenemos en el país, lo que reduciría el costo de producción, beneficiaría la calidad del aire, el medio ambiente y nos llevaría a la carbono neutralidad.
Dejemos de lado populismos e ideologías pasadas de moda. Seamos prácticos y pensemos en el bolsillo de los que menos tienen, el progreso y la competitividad del país.

David Gutiérrez

[email protected]