Bruno Stagno

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Lunes 23 Diciembre, 2013

Aún no hemos llegado al final del camino, dado que nuestros derechos todavía no están plenamente restaurados


Y la justicia despierta

En Measure for Measure, William Shakespeare escribió que “the law hath not been dead, though it hath slept.” En cierta medida, esta frase describe con acierto lo que Costa Rica ha vivido desde la invasión y ocupación de Isla Portillos de parte de Nicaragua hace ya 38 meses. Costa Rica apostó —no sin errores y dilaciones de la administración Chinchilla Miranda—, por la justicia, elevando el caso a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en La Haya. Desde entonces, el camino ha sido largo, y en ocasiones difícil de aguantar en razón de los subsiguientes desplantes de cinismo y chauvinismo de Managua. Desde los retóricos sin mayor importancia, como las pretensiones sobre Guanacaste, hasta los físicos de mayor relevancia, como la excavación de nuevas salidas al Mar Caribe para desplazar al sur el delta del río San Juan. Pero las recientes decisiones —unánimes— de la CIJ, otorgando el 21 de noviembre las medidas cautelares solicitadas por Costa Rica ante la apertura de las salidas artificiales al Mar Caribe, y denegando el 13 de diciembre aquellas solicitadas por Nicaragua por la construcción de la trocha fronteriza, demuestran que no todo estaba perdido. Aunque tardíamente, la justicia ha despertado.
Al enterarme de las medidas cautelares del 21 de noviembre, aquellas solicitadas por Costa Rica en contra de los más recientes caños abiertos por Edén Pastora y su cuadrilla de excavadores, temí que en su afán de mostrarse equitativa, la CIJ dictaría a continuación una que otra medida cautelar contra la trocha fronteriza. Mal que mal, la CIJ en ocasiones peca por salomónica, y su decisión sin precedentes del 17 de abril 2013 de unir los dos casos en uno solo, ya había desvalorizado la causa de Costa Rica al entremezclar un crimen de agresión con supuestas acciones de otra naturaleza como la deforestación o la sedimentación. Pero afortunadamente, el flagrante cinismo de Managua terminó siendo el peor enemigo de Nicaragua y el mejor aliado de Costa Rica.


Aún no hemos llegado al final del camino, dado que nuestros derechos todavía no están plenamente restaurados: falta la decisión final sobre quién tiene jurisdicción sobre Isla Portillos entre otros asuntos. En materia de soberanía, no me cabe duda alguna que la CIJ fallara de conformidad con el Tratado Cañas-Jerez de 1858, reafirmando los derechos soberanos de Costa Rica sobre Isla Portillos y la margen derecha del río San Juan en general.
Ya lo dijo Nietzsche en el Crepúsculo de los Ídolos, el principio de la justicia consiste en “jamás igualar lo que es desigual”. Y si de algo podemos estar seguros, es que desde el inicio de esta pesadilla, como a lo largo de nuestra historia compartida, la actitud de Costa Rica y Nicaragua difícilmente podrían ser más diferentes. Sigamos siendo distintos, sin ser ingenuos, dado que a medida que la justicia despierte nos dará la razón.

Bruno Stagno Ugarte