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Bush y Benedicto XVI comparten posiciones sobre el aborto y la investigación con células madre
Washington se prepara para recibir al Papa

• El Sumo Pontífice tiene previsto visitar mañana la sede de la Organización de Naciones Unidas

Washington
EFE

Washington se prepara para recibir a partir de hoy al papa Benedicto XVI, en la primera visita de un Sumo Pontífice a esta capital desde hace una treintena de años y para la que George W. Bush planea tirar la casa por la ventana.
El jefe de la Iglesia católica aterrizará hoy en la base aérea de Andrews. En la pista le estará esperando el presidente Bush, en un gesto que no ha tenido con ningún otro líder mundial en su mandato.
La ceremonia formal de bienvenida tendrá lugar mañana , en los jardines de la Casa Blanca, para un acto en el que se esperan 12 mil personas, una cifra que casi dobla las marcas de asistencia fijadas por la visita de la reina Isabel II de Inglaterra el año pasado, cuando se congregaron 7 mil.
El acto estará revestido de la máxima pompa y circunstancia. Una banda de la infantería de Marina interpretará ambos himnos nacionales, al tiempo que se lanza una salva de 21 cañonazos.
La prestigiosa soprano lírica Kathleen Battle ha sido llamada para cantar el Padrenuestro. Y los dos mandatarios pronunciarán sendos discursos antes de reunirse en el Despacho Oval.
La reunión con Bush coincid
e con el 81 cumpleaños de Benedicto XVI, y para esta ocasión la Casa Blanca ha organizado una cena en honor de la visita, a la que están invitados líderes católicos y amigos y que tendrá, en homenaje a los orígenes alemanes del Santo Padre, un menú de estilo bávaro.
El invitado de honor, sin embargo, no estará presente, ya que tiene previsto a esa hora el rezo de las vísperas y una reunión con la Conferencia Episcopal estadounidense en la basílica de la Inmaculada Concepción, en el noroeste de Washington.
El jueves el Papa ofrecerá una misa en el estadio del equipo de béisbol de los Nationals, el acto estrella de su visita a la capital, antes de reunirse con representantes de las universidades católicas y con líderes de otras religiones.
Al día siguiente, Benedicto XVI partirá hacia Nueva York, donde tiene previsto visitar la sede de la Organización de Naciones Unidas, mantener un encuentro con jóvenes católicos y acudir a la “Zona cero”, el escenario de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En una entrevista concedida a la cadena Global Catholic Network, el gobernante estadounidense justificó el trato extraordinario al Papa porque, “en primer lugar, él habla en nombre de millones de personas y, en segundo, porque no llega como un político, llega como un hombre de fe”.
Bush y Benedicto XVI, que se reunieron por primera vez en junio del año pasado en el Vaticano, comparten numerosos valores. Ambos se oponen al aborto, a la investigación con células madre procedentes de embrione
s y a los matrimonios homosexuales.
Pero los dos líderes también difieren en asuntos como la guerra en Irak, que el jerarca del Catolicismo ha condenado.
La visita, la primera de un Papa a Washington y la Casa Blanca desde que Jimmy Carter recibió a Juan Pablo II en 1979, ha generado gran expectación entre los cerca de 70 millones de católicos que viven en Estados Unidos y, en particular, entre los residentes de las dos ciudades a las que acudirá.
Miles de personas planean asistir a las misas que ofrecerá el sucesor de San Pedro, con entradas sorteadas entre las distintas parroquias.
Los que no han conseguido entradas o que quieren una mayor “ración” de Benedicto XVI se desplegarán a lo largo de las calles por las que pasará el Papamóvil y en las que ya es posible advertir una presencia policial mayor de lo habitual.
Las autoridades municipales en Washington han advertido ya a los ciudadanos de posibles atascos y han pedido que quienes puedan no vayan a trabajar o lo hagan desde casa.
El Papa encontrará, en general, un recibimiento muy favorable. Ocho de cada diez católicos en Estados Unidos, según las encuestas, aprueba su liderazgo. Y contenciosos como los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes, que obligaron a la Iglesia a desembolsar decenas de millones de dólares, han quedado superados.
Pero la visita del Papa no sólo ha generado entusiasmo, también protestas entre grupos católicos que defienden la ordenación de las mujeres o protestan contra los abusos sexuales a menores.
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