Abel Pacheco

Enviar
Lunes 11 Julio, 2011


PARLATICA
Volcanes Guanacastecos 1


Llegó julio con sus aguaceros, su verdor, y una vez más la celebración de nuestro feliz matrimonio con Guanacaste. Yo, que tengo muchísimas razones para admirar y amar a esa provincia, quiero como un sentido homenaje este mes cantarle, mientras les cuento a ustedes el porqué de los nombres de los volcanes de por allá porque, como verán, todo lo que tiene que ver con esa tierra encierra misterio, leyenda y poesía.
Nada tiene que ver el nombre del Volcán Tenorio con actividades de tipo donjuanesco, ni nunca se supo que le anduviera levantando las faldas a las montañas cercanas. El nombre original fue Tenori, pues así se llamó un valiente guerrero chorotega. A alguien con iniciativas castellanizantes y chayotizantes se le ocurrió agregarle al nombre una o final, y nosotros le seguimos la corriente provocando el cambio y los chismes de volcán enamorado.

La bella Escameca, novia del guerrero, fue a bañarse un día a una laguna que existía por el rumbo de Taboga. Cantaba feliz la doncella disfrutando de las claras aguas cuando, entre remolinos y agitación de nayuribes surgió un horrible monstruo, al parecer el mismísimo Ahuizotl, haciendo huir a la beldad llorosa y asustada.
Furioso por la afrenta, Tenori se metió a la laguna y con sus flechas hirió mortalmente al monstruo pero, al ir a rematarlo un remolino absorbió a la bestia y al guerrero, desapareciendo para siempre ambos.
Tal la historia. ¿Y por qué se llama así el Rincón de la Vieja?
Bueno, en el viejo panteón de los dioses panameños la diosa del rayo y del trueno era La Dabaiba, deidad bella y amada hasta el punto de que aún hoy en Panamá, Dabaiba es usado como nombre propio. Hay una dama exquisita, arquitecta, mezzosoprano y estudiosa de la música de aquel país que así se llama.
No fue así entre los aborígenes del Guanacaste. Para ellos La Dabaiba era una malvada bruja vieja, ojos de fuego y dientes de jaguar, que aterrorizaba los pueblos nicoyanos.
Fue tanta su maldad, que los dioses de entonces la capturaron, la amarraron y la metieron en el cráter del volcán sujetándole las feas patas con lava para siempre.
Tal es la vieja del cuento...
Ahí sigue y cuando furiosa trata de escapar la tierra tiembla.
Otras veces lanza ardientes resoplidos y hace entonces que los alrededores hiedan a azufre
De hoy en quince sigo con mis volcánicos relatos y ¡Viva la Anexión!

Abel Pacheco