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Viernes, 20 de septiembre de 2019



COLUMNISTAS


Vivir es el primero y más fundamental de los derechos humanos

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 29 abril, 2019


La vida es el primero y más fundamental de los derechos humanos. No se la debemos a la sociedad, pero desdichadamente no solo la muerte natural la trunca: también la violencia y los accidentes acaban con la vida de muchas personas. En la defensa de los derechos fundamentales de la persona, la sociedad y sus organizaciones políticas tienen un papel de primordial importancia, y claro que esto incluye de manera muy particular la defensa de la vida frente a la violencia y otras actividades humanas que puedan producir la muerte.

Hasta hace unos pocos años fuimos una sociedad en la cual la muerte por violencia y otras acciones humanas era muy limitada en comparación con la mayor parte de otras sociedades. Pero desdichadamente este ya no es el caso.

Al inicio de la última década del siglo pasado estábamos en 4,6 asesinatos por 100.000, lo cual era menor de la tasa de homicidios dolosos del mundo. En 1999 ya habíamos llegado a 6,4 y se revertió la tendencia e inicia un leve descenso de los homicidios para llegar a 6,3 en 2002. Aún estábamos al nivel promedio mundial, pero ya para 2008, solo seis años después, la situación había cambiado tan drásticamente que nos hallábamos con 11,6 homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes. ¡Esta tasa creció más de 84% en solo seis años! En los 12 años previos a 2002 el crecimiento promedio anual de la incidencia de homicidios había sido la cuarta parte de la de esos 6 años.

Esa tasa continuó subiendo hasta más de 12 en 2010, pero cayó en 2011, 2012 y 2013 para situarse en ese último año en 8,7. Desdichadamente luego ha vuelto a ascender en 2014 a 10, en 2015 a 11,4, en 2016 a 11,8 y en 2017 a 12,1 con el mayor número de asesinatos (603) de nuestra historia. En 2018 hubo 17 asesinatos menos y la tasa bajó 11,72. En todos estos casos estamos muy por encima de la tasa promedio mundial que está por debajo de 7 y, además, la crueldad de los asesinatos, me parece subjetivamente, que ha ido aumentando.

En suicidios entre 1980 y 1994 la tasa promedio anual fue de 4,8 pero ya en el año 2000 había subido a 6,7 y luego se ha mantenido alrededor de 7. En este caso se da también un aumento lamentable, y otro cambio muy negativo es su concentración en personas jóvenes, muy mayoritariamente hombres. Pero con relación a suicidios estamos por debajo de la tasa promedio mundial que se señala en alrededor de 10. Y mientras en el mundo la tasa de suicidios baja, entre nosotros aumenta.

También en las muertes por accidentes de tránsito hemos sufrido dolorosos avances. De una tasa de entre 13 y 14 en los primeros años de este siglo estamos en 2016 y 2017 en 17,6 y 16,5

Las muertes por accidentes laborales son la excepción a este aumento acelerado en las muertes originados en la violencia o en accidentes provocados por acciones humanas. En 2011 el número de muertes por cada 100.000 trabajadores asegurados fue de 5,42 en 2011. En los años sucesivos baja y en 2015 -a pesar de un aumento en ese año se ubica en 3,95. Con esos números nos ubicamos en una posición intermedia entre los países desarrollados.

La conclusión es evidente. Los homicidios y los accidentes de tránsito deben ser nuestra mayor preocupación y debemos aprender de las acciones públicas que se han dado en la prevención de accidentes laborales para aprender de ese éxito. Debemos también redoblar esfuerzo para evitar los intentos de suicidios, campo en el cual un informe reciente de la Contraloría indica graves falencias.

Estas son tareas pendientes y trascendentes del gobierno. En ellas y no en facilitar el asesinato de bebés debemos centrar esfuerzos.








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