¡Vívanlo, no es un sueño, estamos en cuartos!
Joel Campbell tuvo un trabajo desgastante, solitario ante la retaguardia griega; lo marca Kostas Manola. Ronaldo Schemidt-AFP/La República
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¡Vívanlo, no es un sueño, estamos en cuartos!

La Selección Nacional lo hizo, venció a Grecia y se metió entre las ocho mejores del mundo. Ahora viene Holanda

Las lágrimas afectan la visibilidad, las mejillas están mojadas, el corazón palpita tan fuerte que parece se va a salir, las emociones son incontrolables, pero todo un país toma impulso y fuerzas de donde no hay para lanzar un penal.

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El remate cruzado de Bryan Ruiz viaja raudo a los cordeles y nada pueden hacer para impedirlo el portero Karnezis y sus compañeros de retaguardia. Aris Messinis-AFP/La República
No fue Michael Umaña, fue Costa Rica entera la que se paró detrás de ese balón y con alma, vida y corazón la mandó al fondo de la portería de Orestis Karnezis, para hacer historia, para escribirla con hilos de oro, para meterse a los octavos de final de un Mundial.
Pero antes todos hicieron de portero empujando a Keylor Navas un paso adelante, lo suficiente para que con su mano izquierda en lo más alto, parara el remate de Theofanis Gekas y nos dejara a los demás la mesa servida para tocar la gloria.
No es un cuento de fantasía ni un sueño de los ticos, aunque más de uno, extasiado y cansado como si ha corrido una maratón, debe aún pellizcarse para constatar que es la realidad.
Ese fue el desenlace de cómo Costa Rica, que ahora es Costa bella, Costa grande, Costa hermosa, dejó en el camino a Grecia, sí, a la tierra de los dioses, que ahora tendrán uno más que adorar.
Y fue sufrido, mucho, demasiado, pero así sabe más, porque casi se pierde, porque las oraciones fluyeron, el corazón se agotó, pero luego vino la recompensa, al celebrar.
El compromiso fue feo, más para los ticos, que pasaron encerrados unos 65 minutos, sacando agua del bote, pero con entrega, lucha, mucho corazón y, por supuesto, fútbol.
La primera parte era como dos equipos que no sabían ir al frente, se anulaban con facilidad unos a otros. Costa Rica perdió la posesión que le caracteriza y no tenía rompimiento en la última línea.
Pesaba una marca doble sobre Joel Campbell de sus excompañeros en Olympiakos, Manolas y Papastathopoulos, así como que Cristian Bolaños y Bryan Ruiz no lograban meterse en el juego.
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Grecia estaba en su charco, bien armado atrás, cero despistes y fuerte contragolpe, sobre todo con las arremetidas de Cholevas, dueño de su banda y quien con centros inquietaba, como el que le puso a Salpingidis, que Keylor Navas, “san Keylor”, de manera providencial envió al tiro de esquina.
Pero no más iniciando la complementaria, se tuvo el primer contacto con la gloria, de pie a pie pasó el balón, los griegos no la vieron, Bolaños a Ruiz y con sutil y colocado toque, venció a Karnezis. Costa Rica 1 Grecia 0, al minuto 52.
Yeltsin Tejeda estaba amonestado, entonces, para evitar, ingresó José Miguel Cubero, con tan mala fortuna que en el siguiente minuto fue expulsado Óscar Duarte. Quedaban 30 minutos de partido con un hombre menos.
Pinto tuvo que reordenar, pasó a línea de cuatro, buscó un poco de posesión y un milagro con Campbell en solitario en la delantera, ante una Grecia que se fue con todo y los metió en el área de Navas.
Y bueno, los minutos eran como horas, no avanzaban, aparte de que el silbatero agregó cinco minutos. La gesta estaba cerca, Navas paraba todo, el equipo se entregaba, olía a gloria, hasta que… Cayó el empate.
Como un dardo, ya al minuto 91, por más que tapó el arquero, un rechazo quedó a expensas de Papastathopoulos, su defensa central metido de delantero, quien no perdonó e igualó.
En tiempos extra Pinto y todo el equipo jugó a ir a los penales, la seguridad de Navas y muy buenos tiradores daban confianza, aunque para eso se tuviera que sufrir en extremo.
De nuevo era una larga agonía, Keylor iba de palo a palo, Campbell, ya sin piernas, luchaba y sacaba faltas, Celso corría, Cubero marcaba, Costa Rica era corazón.
De los 41.242 aficionados presentes, la inmensa mayoría apoyaba a la Tricolor, por lo que a ratos se coreaba el “ticos, ticos”, pero más como una acción de desestrés, que apoyo real.
Llegaron los penales, entre los seguidores abrazos, cábalas, oraciones, plegarias y todo lo que hiciera al país seguir hasta los cuartos de final.
Celso abrió la cuenta, le siguieron Bryan, Giancarlo, Campbell y Umaña, en tanto Navas hizo lo suyo.
La historia ya se conoce, Costa Rica está viva, más viva que nunca y como dijo Jorge Luis Pinto, queremos seguir, así que se venga Holanda.

Cristian Williams Méndez
[email protected]
Enviado especial

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