Violencia y armas preocupan a los votantes estadounidenses
Imagen con fines ilustrativos. Bloomberg/La República
Enviar

Mathew Downing solía mirar las armas de fuego con temor.

Entonces, un compañero de estudios ingresó a su aula de Umpqua Community College con seis armas entre pistolas y un rifle de asalto. Mató a nueve personas pero dejó vivo a Downing. Para este, las armas ahora simbolizan la seguridad.

“No culpo a ninguno de los de la clase por no tener un arma pero, si alguien hubiese tenido una, las cosas probablemente habrían sido muy distintas”, dijo Downing, de 19 años, mientras comía panqueques una mañana en Roseburg, Oregón. “No fue un arma la que entró y mató gente. Fue una persona que necesitaba ayuda psicológica”.

Hace un año, Roseburg se sumó a una lista de lugares que son sinónimo de tragedia y que ahora incluye a San Bernardino, California, donde terroristas yihadistas asesinaron a catorce personas en diciembre, y Charlotte, Carolina del Norte, que fue escenario de disturbios después que la policía mató a un hombre negro el mes pasado. La violencia tiene distintos orígenes pero las ciudades sufren las mismas consecuencias: familias de duelo, nervios destrozados y un electorado desesperado por impedir que se agrande la lista de comunidades heridas.

Los datos sobre delito muestran que Estados Unidos es mucho más seguro hoy que en las décadas de 1970 y 1980. Al mismo tiempo, el país sigue siendo mucho más violento que otras democracias industriales. Y las imágenes ubicuas de la televisión y los medios sociales de terrorismo violento, agitación civil y asesinatos masivos profundizan los miedos de una nación con los nervios de punta.

Pocos temas provocan hoy tantas divisiones como el derecho a portar armas, considerado sacrosanto por quienes lo apoyan y como un flagelo de salud pública por sus detractores. Los esfuerzos legislativos para terminar con la creciente frecuencia de los tiroteos masivos de los últimos años, incluida la masacre de 2012 en una escuela de Newtown, Connecticut, que causó la muerte de veinte niños y seis maestros, han fracasado repetidas veces. El problema obsesiona al presidente Barack Obama, que el año pasado dijo que era el “área donde me siento más frustrado y más impedido de avanzar”.

En enero, Obama emitió órdenes ejecutivas destinadas a poner freno a la violencia que Trump, que cuenta con el apoyo de la Asociación Nacional del Rifle, ha prometido derogar. El candidato republicano se opone a la prohibición de las armas y los límites al tamaño de los cargadores, como también la plataforma del partido. Propone armar al personal de las escuelas y dar validez nacional a los permisos de portación oculta –hoy autorizados estado por estado-.

{l1}para_trump_la_falta_de_espiritu_es_causa_de_tension_racial{/l1}

Clinton ha hecho campaña con familias de víctimas de las armas de fuego y prohibiría la compra de armas para las personas que figuran en la lista de vigilancia del FBI por sospechas de terrorismo. Ha prometido “enfrentarse al lobby de las armas” y ampliar los requisitos de verificación de antecedentes, como hizo Oregón el año pasado antes de los asesinatos de Roseburg.

La candidata demócrata apunta a acabar con la grieta que separa a la policía de la comunidad elaborando pautas nacionales sobre el uso de la fuerza, reforzando el financiamiento para la capacitación en materia de prejuicios y equipando a más policías con chalecos con cámaras. Su promesa de reformar el sistema de justicia penal incluye resolver la “epidemia de encarcelamiento masivo”.


Ver comentarios