Leopoldo Barrionuevo

Enviar
Sábado 27 Agosto, 2011


Elogio
Viejo lámpara


Uno de los motes que más me impactaron de la cultura popular costarricense, cuando vine a enmontañarme hace 43 años, fue el de ”viejo lámpara”, que pese a que por entonces era bastante difundido, dejó de escucharse hace tiempo, el suficiente como para que los jóvenes lo desconozcan.
Lo poco que sé del mismo es que es de origen manudo, aunque no he podido comprobarlo y su significado marcaba a la persona inútil, innecesaria, que solía interponerse sin razón ni motivo aparentes y “lo peor del caso, sin necesidá”, como expresaba Evaristo Carriego en “La costurerita que dio aquel mal paso.”
Lo realmente extraño es la desaparición de la figura del viejo lámpara en tiempos como los actuales, cuando más abundan esos ejemplares sin objeto, los cuales parecen haberse convertido en “bombetas”, lo que si bien no es propiamente un sinónimo, suele ser una consecuencia en el proceso de evolución de las especies, como Darwin quiso denominar a los chunches que persisten en sobrevivir a pesar de su inutilidad manifiesta.
Pienso que el viejo/a lámpara está regado por doquier: el que habla por celular mientras maneja, una diversidad de asesores de las figuras del gobierno, unos cuantos diputados de la Asamblea, el que comenta el film en voz alta en el cine, los guardas que dormitan en las casillas, demasiados usuarios de las redes sociales, algunas figuras de la sele, los que se parquean en tu salida del garaje, los taxistas que pitan en toda la calle sin verificar quién los llamó, en fin, son tantos que si formaran un partido político ganarían las elecciones al galope.
Desde ya, hay viejos/as lámpara que no obstruyen la vida, parados en la inutilidad (las lámparas están por lo general erguidas) sin razón ni motivo de existencia, pero al menos en un tiempo de carreras innecesarias para llegar no se sabe a dónde estos ejemplares nos hacen recordar aquellos tiempos en que los ticos no se estresaban, al ritmo lento de una palabra que los detenía en el espacio: suave, suave o bien ¿cuál es el apuro?
Ya sabemos que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor, pero al menos se vivía a un ritmo sin presas y sin excusas que permitía el ejercicio de la cortesía, la gentileza sin que nadie te pasara por encima o te mentara la madre a cada paso.
Eramos dignamente pobres, la gente trataba de disimularlo con sacrificio y aspiraciones de clase baja en ascenso y toda familia podía darse el lujo de ostentar un viejo lámpara entre sus integrantes, que no necesariamente requería el auxilio psiquiátrico profesional que después se hizo poco menos que imprescindible.
En toda empresa y en la función pública con más razón, proliferaban los viejos lámparas que hacían poco y nada pero resultaban útiles a la hora de las elecciones, que era cuando se pagaba el precio de disfrutar del paternalismo. Hasta que los llevaron a votar, les dieron comida y bebida y acabaron votando por el otro partido. Es decir, se les encendió el bombillo.

Leopoldo Barrionuevo