Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 1 Agosto, 2016

La vida privada no existe. Hace mucho tiempo que desapareció. No solo porque no hay manera de ocultarla: está de moda mostrar la intimidad

Vidas privadas

Las personas más famosas del mundo (ya sea por política, espectáculos o estupidez) no tienen vida privada. Algunos (sobre todo los célebres por su tontería) exponen hasta los detalles más secretos de su intimidad; otros intentan pasar desapercibidos cuando van al supermercado, al colegio de sus hijos o si sufren al terminar una relación amorosa.
Aquí nuestros famosos son pocos y no muy perseguidos, a excepción de algunos futbolistas y uno que otro personaje de televisión. El resto de nosotros, simples mortales, no queremos pasar inadvertidos en este corto viaje que es la vida y desde hace casi una década Facebook nos da la oportunidad de exponer lo mejor, incluso de “photoshopear” nuestras existencias.
En Costa Rica casi tres millones de personas tienen Facebook; el 40% de la población restante o son bebés, o son ancianos de escasos recursos o son rebeldes activos. En el tercer grupo se ubican los que creen que al no tener un perfil activo poseen vida privada. ¡Y cómo se equivocan!
Aunque no pertenezcan a ninguna red social tendrán cédula, tal vez licencia, cuenta en al menos un banco, quizás tarjeta de crédito, estarán asegurados, serán padres o madres y el Registro Civil tiene contabilizados sus matrimonios y divorcios y el Nacional los bienes muebles e inmuebles que estén a su nombre, los tribunales darán cuenta de los juicios en los que hayan sido condenados. Cientos de organismos e instituciones públicas y privadas saben quiénes somos, qué hacemos y cómo nos comportamos. Una empresa cruza todos los datos existentes en diversos bancos de información nacionales y logra una radiografía de cada uno de nosotros.
La publicidad que aparece cuando entramos a Google está determinada por nuestras búsquedas anteriores. Igual sucede con Spotify que nos recomienda música según lo que hemos seleccionado para escuchar. Y, por supuesto Netflix, la plataforma de contenidos que cambió la forma de ver series de televisión y, gracias a un sistema matemático organizado por 15 algoritmos diferentes, nos recomienda tal o cual producto: saben de antemano qué nos puede gustar incluso antes de que este exista. No hace falta que usted indique qué le gusta y qué no: el sistema sabe qué vemos, durante cuánto tiempo, en qué dispositivos, qué buscamos, etcétera.
Igualmente si Facebook analizara las páginas de sus usuarios por medio de algoritmos determinados, se podrían determinar todo tipo de tendencias personales: la orientación sexual, la capacidad intelectual, la violencia contenida, la ideología, los principios morales… Y si mintiéramos en nuestro perfil también sería evidente ante un análisis matemático que cruzara todos los factores expuestos por nosotros.
La vida privada no existe. Hace mucho tiempo que desapareció. No solo porque no hay manera de ocultarla: está de moda mostrar la intimidad. Aunque 1984 pasó hace 32 años la verdad es que el Gran Hermano de Orwell hace tiempo se impuso en nuestras vidas. Y no hay manera de resistirse.