“Vendía culantro en la esquina del pueblo”
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Leonora Jiménez

“Vendía culantro en la esquina del pueblo”

Su carrera es consecuencia de la convicción de cumplir su sueño


“Mi familia fue una gran piedra en mi camino, nadie me apoyó”

“El fracaso es la antesala del éxito”

Más allá de su obvia belleza se esconde una historia de éxito escrita a punta de trabajo, Leonora Jiménez se convirtió en una modelo que más allá de mostrar ropa y accesorios, exhibe su triunfo sobre las humillaciones que vivió de niña.

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Su primer negocio fue a los diez años, una venta de culantro con su prima en la comunidad de Grano de Oro en Santa Ana, cuando usaba el carretillo de su papá, quien es agricultor, para vender el producto en una esquina del barrio.
Recuerda que su padre la llevaba a la escuela en el camión de verduras, por lo que siempre olía a lechuga, pero su origen modesto cambió con el regalo de su tío a los 15 años, un viaje a Europa, donde inició un camino como modelo que la hizo renacer.

¿Cómo recuerda su infancia?
Llena de vacíos, fui una niña traumatizada porque tenía muy baja autoestima, era muy alta y flaca así que mis compañeros se burlaban de mí, eso hizo que yo estuviera completamente perdida.

¿Cómo la humillaban?
Me decían Olivia la de Popeye, kilómetro parado, la hija del culantrero, eso me traumatizó mucho, no me quería, de todos los chiquillos que me gustaban ninguno me daba pelota y eso como mujer es muy difícil.

¿Cómo fue la crianza de su familia?
Mi papá era agricultor por lo que nunca tuvimos mucho de nada, pero sí lo justo de todo, yo no sabía lo que era un lujo o un viaje, salíamos a comer solamente los 31 de diciembre a un restaurante. De mi papá aprendí el espíritu de lucha.

¿Usted vendía verduras con su papá?
Sí, yo lo acompañaba a la feria los sábados, la finca estaba en Cartago, cultivaba lechuga, suquini y culantro.

¿Pese a no tener dinero, estudió en escuelas privadas?
Mis papás lucharon mucho por darnos la mejor educación, aunque estaba en centros privados, no tenía el mismo estilo de vida ni el potencial que tenían mis compañeros.

¿Desde pequeña siempre tuvo olfato empresarial?
Sí, desde la venta de culantro, después vendía chucherías en el pueblo, cuando crecí y entré al colegio daba tutorías a otros estudiantes, porque era muy buena alumna. Siempre fui emprendedora pero nunca tuve las oportunidades que tenían otros, pues mi familia era de clase media-baja.

¿Cuánto logró ahorrar con esos negocios?
En aquel tiempo, ¢600 que era un montón de plata, porque todo costaba un par de colones, recuerdo que mis hermanos me pedían prestado, hasta les hacía un vale con intereses como si fuera un banco. Siempre fui muy ahorrativa y ordenada con mis finanzas.

¿Cómo inició su carrera como modelo?

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Mi tío me regalo un viaje a Europa para mis 15 años, en España se me acercaron en la calle y me ofrecieron ingresar a una agencia, un cazatalentos, yo no quería, pero mi mamá me impulsó para hacerlo, tenía dos meses de vacaciones más que el resto en el cole para poder ir a trabajar.

¿El modelaje fue su sueño de vida?
No, era algo relacionado con el estudio, porque era muy buena estudiante, no sabía qué exactamente, mi sueño estaba dentro de un aula de una universidad. Pero yo me fui del país a modelar a los 15 años.

¿Cómo fue el momento cuando dijo que iba a modelar?
Tuve tal rechazo que me cambiaron de colegio, pues era el patito feo que de repente era modelo, ahí fue como un renacer, me di cuenta que lo que decían de mí no me definía y que no era fea.

¿Qué le decían quienes no la apoyaron?
Que iba a perder mi vida en una carrera que no era rentable, que era inteligente y por eso mi futuro estaba con una profesión, el modelaje se relacionaba con prostitución, mi abuela me dejó de hablar por mucho tiempo, muchos de mis tíos me dieron la espalda, mis amigos no me daban crédito.

¿De qué le sirvió esa crítica?
Me preparó para enfrentar una crítica todavía más dura, como la de esta industria donde me metí, porque es terrible ir a 20 audiciones al día y que en ninguna te elijan porque para unos eres muy alta, para otros muy baja.

¿Cómo aceptó los tiempos cuando no tuvo trabajo?
Llamaba a mi mamá llorando y le decía que me iba superbien, que salía en portadas y era mentira, tuve épocas donde pasaba meses sin trabajo. Me decían que no en todos los casting, la agencia le paga a uno el hospedaje y la alimentación, por lo que seguía endeudándome con mi agencia y no conseguía trabajo.

¿Qué fue lo más difícil de esa época?
Llegué a un casting muy importante, el fotógrafo me dijo que yo era la que encajaba, me dio la llave de su habitación y me dijo que me esperaba a tal hora en su hotel para lograr ese trabajo, así que fui y le devolví la llave y le dije que si necesitaba eso para tener una carrera, que no la quería.

¿Cómo sobrevivió ese tiempo?
Recuerdo ir a comprarme una hamburguesa pequeña, porque solo para eso me alcanzaba, la partía en cuatro y me comía una parte en el almuerzo, la otra en la cena y guardaba la mitad para el día siguiente. Vivía en Madrid con seis modelos más en un apartamento sin baño.

¿Cuándo fue la primera vez que la gente la reconoció?
A raíz del Miss Costa Rica 2005, donde obtuve el segundo lugar, porque antes de eso aquí nadie sabía quién era yo, con lo que pasó en el certamen, no asumí bien la pérdida y se hizo un show mediático, fue cuando la gente descubrió que tenía una carrera previa.

¿Ha fracasado?
Muchas veces, ahora estoy por cerrar una tienda de ropa, que fue mi primer proyecto, pero eso me enseñó a estructurar un negocio rentable.

Angie Calvo
[email protected]

 

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