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Variopinto microcosmos femenino

• Delicada producción libanesa ofrece una mirada inédita a un mundo virtualmente desconocido

“Caramel”
(Sukkar banat)
Dirección: Nadine Labaki. Reparto: Nadine Labaki, Yasmine Al Masri, Joanna Moukarzel, Gisèle Aouad. Duración: 1:35. Origen: Francia-El Líbano 2007.
Calificación: 7.

Presentada fuera de concurso en el Festival de Cannes de 2007, “Caramel” fue la candidata oficial del Líbano para los premios Oscar. Aunque no obtuvo una nominación como mejor película extranjera, despertó el interés de muchos distribuidores y fue vendida a varios países, difundiendo por primera vez una cinematografía incipiente. Es este el mérito principal de una obra simple y delicada, que ofrece una mirada inédita a un mundo virtualmente desconocido.
Alternando entre melodrama y comedia romántica, la trama gira alrededor de un salón de belleza, ubicado en el centro de Beirut. Aquí se entrelazan las vivencias de distintas mujeres, empleadas o clientas del lugar. Entre ellas destaca la bella Layale, quien está enamorada de un hombre casado y debe conformarse con una relación basada en fugaces encuentros ocasionales.
Su compañera Nisrine está a punto de contraer matrimonio y está muy preocupada, pues su novio no sabe que ella ya no es virgen. Rima, por su lado, mantiene oculta su homosexualidad, debido a los prejuicios sociales. Entre las clientas frecuentes están Jamale, casada y madre de dos hijos, quien no quiere renunciar a sus aspiraciones como actriz; y una anciana costurera, quien sacrifica su propia felicidad para cuidar de su hermana mayor.
Utilizar un lugar público como punto de partida, para ilustrar un ambiente específico —en este caso, un variopinto microcosmos femenino— no es una idea particularmente novedosa. Sin embargo, la cineasta debutante Nadine Labaki aprovecha esa idea con inteligencia y buen gusto. Además de dirigir, ella actúa, reservando el mejor papel para sí misma. No todas las figuras que intervienen en el filme son tan interesantes o bien desarrolladas como Layale, lo cual origina una serie de inevitables altibajos narrativos.
Entre tantos hilos argumentales, quedan varios cabos sueltos y situaciones irresueltas. Faltó pulir ciertos detalles, tanto en el guion como en la puesta en escena. Aun así, se nota una personalidad sensible, delante y detrás de las cámaras. Nadine Labaki logra acercarse al corazón de los personajes, para compartir sus dolores y alegrías. Como aclara la dedicatoria final “A mi Beirut”, Labaki concibió “Caramel” como un acto de amor hacia su propio pueblo, que tanto ha sufrido a lo largo de su historia.
La directora no olvida las exigencias comerciales y confecciona un atractivo producto de exportación, exótico y universalmente accesible. No obstante, en el fondo se percibe claramente su cariño, sinceridad y pasión.


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